jueves, 4 de marzo de 2010

La psiquiatría y LA BIBLIA

La psiquiatría es una problemática rama de la medicina. Críticos desde dentro y desde fuera de la profesión la diagnostican como padeciendo confusión, grave enfermedad o como agonizando. El 2 de abril de 1979, la revista Time publicaba un reportaje de fondo titulado «Psychiatry's Depression» (La depresión de la psiquiatría), y atribuía la dolencia a una «crisis de identidad». Y de nuevo Time, el 29 de noviembre de 1993 (págs. 38-49), publicaba un excelente y extenso estudio acerca de Freud y de derivaciones del psicoanálisis, incluyendo la terapia «de memorias reprimidas». Este artículo señalaba la bancarrota del planteamiento básico freudiano y de conceptos y técnicas del psicoanálisis íntimamente relacionados, y documentaba las gravísimas consecuencias personales y familiares a que se han visto abocadas muchas de las víctimas de estos tratamientos. El título del informe de Time era: ¿Ha muerto Freud?

Se dirigían unas preguntas escrutadoras a una especialidad que hace sólo unas décadas era saludada como poseedora de las respuestas para todos los problemas de la humanidad.

¿Es la psiquiatría una disciplina científica válida?

¿Pertenece la psiquiatría al campo de la medicina?

¿Existe realmente algo que pueda denominarse «enfermedad mental» o se trata de una cobertura para los culpables?

¿Desaparecerá la psiquiatría como especialidad, y quedará absorbida por disciplinas no clínicas?

En 1974 el psiquiatra E. Fuller Torrey escribió un libro titulado The Death of Psychiatry [La muerte de la psiquiatría], en el que afirmaba que la psiquiatría «está muriendo ahogada por su propio estetoscopio y hace tiempo que ya hubiese debido ser enterrada.» Con esto se refería a que el objetivo por el que tanto tiempo se había luchado de incluir la psiquiatría como especialidad médica era un error. El doctor Torrey cree que muchos de los considerados como «enfermos mentales» tienen problemas acerca de la vida, no incapacidades físicas. Escribiendo en Controversy in Psychiatry el doctor Torrey describe cómo los neurólogos deberían asumir la responsabilidad de tratar las enfermedades orgánicas cerebrales, con los avances actuales en la investigación acerca de cómo funciona el cerebro, de modo que se descubrirán causas orgánicas para algunas de las «enfermedades» que ahora están tratando los psiquiatras.

La crítica de esta disciplina no es un fenómeno reciente. En 1953 el doctor Walter Maier escribió un manual matrimonial, For Better, Not for Worse [Para lo bueno, no para lo malo], con un capítulo titulado «Las perversiones del psicoanálisis» (el psicoanálisis es la rama de la psiquiatría que explora el «subconsciente» en profundidad, empleando asociaciones libres y análisis de los sueños). El doctor Maier cita Judas 8: «Estos soñadores mancillan la carne.» Condena a Freud y sus teorías como absolutamente inaceptables y advierte a sus lectores que eviten todo contacto con el psicoanálisis.

Uno de los más persistentes críticos de la psiquiatría es Thomas Szasz. En The Myth of Psychotherapy [El mito de la psicoterapia] dice: «Muchos, quizá todos los procedimientos pretendidamente psicoterapéuticos son perjudiciales para los llamados pacientes.» Él cree que la «enfermedad mental» es un concepto mítico, que las personas designadas como psicóticas no están clínicamente enfermas porque no se han descubierto disfunciones cerebrales. Cree que estas personas son «desviados o ineptos sociales, o en conflicto con otras personas, grupos o instituciones».


Una de las preocupaciones de los psiquiatras tradicionales es el decreciente interés en la especialidad por parte de los estudiantes de medicina. En la actualidad entran menos médicos graduados en este campo y hay un creciente abandono por parte de médicos residentes de los programas de especialización. Actualmente hay más de 30.000 psiquiatras en los Estados Unidos. Hace una década, el once por ciento de los graduados de facultades de medicina entraban en la especialidad de psiquiatría; en la actualidad sólo son el 3,6 por ciento. Esta disminución de interés tiene lugar en un momento en el que los informes de salud mental indican que entre el 15 y el 20 por ciento de la población necesita ayuda.


Pero con más de 200 terapias en competencia actualmente disponibles para los «enfermos», los médicos jóvenes dicen que la psiquiatría no se encuentra donde debiera estar.


Recientemente, la preocupación por el futuro de la psiquiatría reunió a los líderes de la profesión en San Antonio. Allí se hizo la observación de que sólo hace veinte años había una gran esperanza de que los hospitales mentales podrían ser vaciados. Con la llegada de los tranquilizantes, muchos se convencieron de que unos buenos fármacos controlarían las psicosis. Aunque es cierto que en la actualidad hay menos pacientes ingresados en instituciones, los tranquilizantes no hay resuelto los problemas; sólo han dado un alivio. La tasa de readmisión ha ascendido desde un 25 por ciento en 1960 a un 65 por ciento en la actualidad. La reunión de San Antonio quedó atascada, y achacaron la imagen manchada de la psiquiatría a la falta de financiación gubernamental, a la pobre imagen de la profesión ante los estudiantes de medicina y a la falta de buenos cursos de estudio en las facultades de medicina. Pero los problemas fundamentales en este campo van mucho más a fondo.

La depresión de la psiquiatría es el resultado de aceptar unas presuposiciones falsas. Toda la psiquiatría tradicional descansa sobre dos errores:
1. La aceptación de la evolución.
2. El humanismo secular.
Estos conceptos son fundamentales en todas las actuales teorías acerca de la mente y de cómo funciona. Dice el doctor Lawrence Kolb en «Modern Clinical Psychiatry»: «La psiquiatría descansa sobre una base evolucionista. Los desórdenes de la personalidad están arraigados en modos de conducta que se han manifestado en estadios anteriores de la vida... están determinados genéticamente.» Y prosigue así: «La orientación evolucionista de la moderna psicodinámica proviene directamente del genio de Charles Darwin y posteriormente de Herbert Spencer, que influyó sobre el neurólogo inglés John Hughlings Jackson. Jackson expuso una teoría evolucionista para explicar las funciones del sistema nervioso en la salud y en la enfermedad. Jackson postuló que las más elevadas funciones en el cerebro humano son desarrollos evolutivos más recientes permitiendo funciones humanas como el habla, la razón, el juicio, etc. Los animales operan en un nivel evolutivo inferior y más primitivo, que llamamos «talámico», un nivel reflejo de «lucha o huida». Jackson observó que en una persona con daños en el cerebro las relaciones serían talámicas y no corticales. El daño en el cerebro que causase impedimentos en el pensamiento de una persona produciría una regresión evolutiva o respuesta refleja.


Los conceptos del doctor Jackson fueron posteriormente incorporados a las premisas del doctor Freud y también en la escuela de psicobiología de Adolf Myers.

En la actualidad hay tres planteamientos de la comprensión de la mente y de la conducta del hombre: Instintivista, Conductista y Humanista.


El planteamiento Instintivista lo representa el doctor Sigmund Freud. El libro de texto Comprehensive Textbook of Psychiatry [Texto General de Psiquiatría] de Friedman y Kaplan dice: «Los conceptos derivados del psicoanálisis se aplican tan ampliamente en la enseñanza y práctica de la psiquiatría que han llegado a formar una parte fundamental de nuestro planteamiento de los desórdenes mentales y emocionales. ... Es imperativo que el estudiante desarrolle un claro entendimiento de la teoría psicoanalítica y de la obra de su fundador, Sigmund Freud.»


Freud fue estudiante de medicina en la década de 1870, en una época en la que las teorías de Darwin estaban cambiando los conceptos científicos. Freud estudió bajo Ernest Brucke, fundador de la Escuela Helmholz de Medicina. Brucke creía que las únicas fuerzas operando en los organismos biológicos son las inherentes en la materia. A lo largo de su vida Freud aplicó las ideas de Brucke a su estudio de la mente.

En A General Introduction to Psychoanalysis [Introducción General al Psicoanálisis], Freud declaró: «La investigación biológica le robó al hombre su privilegio peculiar de haber sido creado de manera especial y lo relegó a ser descendiente del mundo animal, implicando que en él había una naturaleza animal que no se podía erradicar.» Freud creyó toda su vida la teoría de la herencia de los caracteres adquiridos de Lamarck. Razonó que los instintos animales sólo podían haber surgido (a) de un poder superior, (b) o de una adquisición mediante la experiencia. Freud era un ateo confeso y persistió en su creencia en el lamarckismo. Ernest Jones ha escrito extensamente y con admiración acerca de Freud, pero lo llamó «un obstinado partidario de este lamarckismo desacreditado.» En cambio, Freud creía que si Lamarck estaba equivocado, la evolución era imposible.

 
Mente y medicina — El Sigmund Freud de la leyenda es una figura heroica que inventó una «psicología pura» independiente de cualquier otra anterior teoría de la mente. El doctor Frank J. Sulloway, un joven historiador de la ciencia, no acepta esta pretensión. Su libro Freud: Biologist of the Mind [Freud, biólogo de la mente], retrata a un hombre que, con toda su creatividad, recurrió sin embargo en sumo grado a las ideas que circulaban en su época. El libro también cuenta cómo y por qué surgió la leyenda del héroe solitario.

Un concepto dañino — Un concepto biológico que en último término resulto contraproducente para el psicoanálisis es uno que el mismo Freud había aceptado. Se trata de la teoría de que el individuo recapitula la experiencia de la raza en su propio desarrollo temprano. Esta teoría quedó desacreditada hacia 1930. ¿Dónde, pues, deja esto al psicoanálisis?

No hay dudas de que la teoría de Freud acerca de las neurosis y del desarrollo humano queda en parte afectada. Toda su teoría del desarrollo psicosexual descansa sobre Lamarck. El proceso de recapitulación confirmaría el argumento de Freud de que los rasgos de la personalidad se desarrollan de las etapas oral y anal en el desarrollo evolutivo del hombre. Todo lo placentero en la infancia ha de ser sexual. Los placeres que el niño está recapitulando son los placeres adultos de sus antepasados sexuales. De modo que, ya que el olor había estado en el pasado intensamente relacionado con la excitación sexual, oler sería erotogénico, porque en la teoría de las etapas psicosexuales, la nariz es un órgano erotogénico, como la boca, la garganta y el ano.

«Es necesaria la teoría de Lamarck para explicar como las experiencias en la etapa adulta de los antecesores se transmite a sus descendientes,» decía el doctor Sulloway. «La teoría lamarckiana dice que son heredables y que por ello quedan incorporadas a los genes. Y también es necesario acelerar el proceso de recapitulación de modo de que hacia los cinco años de edad el niño está recapitulando lo que había sido una experiencia adulta. Pero ya no había un mecanismo que permitiese que un adulto transmitiese una experiencia adquirida a su hijo.»

Un espejismo biológico — De modo que lo que queda es sólo una recapitulación de formas embriónicas. «Los embriones en especies diferentes son similares hasta aquel punto de su desarrollo en el que la selección natural los ha llevado a divergir. No hay recapitulación de etapas adultas pasadas, sino más bien una divergencia gradual entre embriones inicialmente similares. De modo que se tiene un espejismo de recapitulación porque los embriones poseen rasgos, como las hendiduras branquiales y la cola del feto humano, que se encuentran sólo en formas inferiores. Los darwinistas se dieron cuenta de que esto era sólo un espejismo de recapitulación. Pero la generación de Freud en la ciencia alemana se lanzó al paralelo exacto. Al formar parte de la tradición alemana y absorbiendo la versión haeckeliana de la recapitulación embriológica, Freud estaba dispuesto a ver evidencias de recapitulación en el desarrollo psicológico.»

Pero Freud era sin lugar a dudas heredero del darwinismo. La influencia de Darwin sobre el psicoanálisis era tan amplia que probablemente el mismo Freud nunca supo hasta qué punto se debía a esta sola fuente.


Los conceptos de Freud estaban totalmente basados en la evolución. Postulaba que la personalidad del hombre está constituida por tres partes: el id, el ego y el super-ego.


Id: El id es el componente más primitivo del cerebro humano. Es el asiento de los deseos e impulsos instintivos básicos del hombre que buscan expresión, pero no posee ninguna escala de valores morales o de valor. Están enterrados en su mente subconsciente. Es energía psíquica que busca expresarse. Opera en base del principio del placer: «Quiero lo que quiero, y cuando lo quiero» —la gratificación inmediata y la evitación del dolor. Hay tres instintos básicos que dominan el id: el incesto, el parricidio y el canibalismo. Estos constituyen la «horda primordial» de Freud. El id es a veces considerado sinónimo del «subconsciente» pero tiene una connotación totalmente distinta. En realidad es comparable con el «Viejo Adán» en el hombre —el pecado original.

Ego: Freud dijo: «El ego representa lo que podría ser designado como razón y sentido común, en contraste con el id, que contiene las pasiones.» Es gobernado por la realidad y canaliza las demandas del id. El ego está interesado en la propia preservación.


Freud creía que «la neurosis es el resultado del conflicto entre el ego y su id, mientras que la psicosis es el resultado análogo de una perturbación similar en la relación entre el ego y el ambiente.»

Super-ego: La conciencia del hombre. Como dijo Freud: «El super-ego es el sucesor y representante de los padres.» Creía que el super-ego es el verdadero culpable —que los enfermos mentales tienen un super-ego excesivamente desarrollado. Los conflictos entre el id cargado de energía primitiva y que busca placer y el «no» del super-ego» producen un sentimiento de culpa. Freud declaró que era su «intención exponer el sentimiento de culpa como el problema más importante en la evolución de la cultura» Él no asociaba la culpa con el pecado, sino con la evolución del hombre.

Freud creía que al ir evolucionando el hombre de formas inferiores de vida, intentó seguir sus instintos. Se encontró con otros que hacían lo mismo. Así, para evitar enfrentarse unos con otros, los hombres tuvieron que aprender a cooperar. En la búsqueda de la supervivencia evolucionó la moralidad, lo que dio lugar a la evolución del super-ego. De esta manera, el hombre creó la moralidad, el concepto de Dios y la conciencia, para suplir sus necesidades.


Cuando el id es frustrado en su búsqueda de expresión por el super-ego, se desarrollan conflictos a un nivel subconsciente y el resultado es un sentimiento de culpa. Entonces, el tratamiento debe ser defender el id contra la conciencia y liberar a la persona de su falso sentimiento de culpa.

Freud fue un escritor prolífico. En muchos de sus materiales es evidente su hostilidad contra la religión. Se consideraba a sí mismo como «uno de los más peligrosos enemigos de la religión». Sentía un enorme desprecio por la fe judía y la cristiana. En su libro Moses and Monotheism [Moisés y el monoteísmo] dijo que la religión es una neurosis de la humanidad y que su investigación liberaba al hombre de las cadenas de la religión. Para ser libre, el hombre debía abolir la religión, y Freud creía que tenía un deber mesiánico de destruir a Moisés y la Ley. De esta manera liberaría al hombre de su sentimiento de culpa.

Harry K. Wells, en su obra The Failure of Psychoanalysis from Freud to Fromm [El fracaso del psicoanálisis de Freud a Fromm] ataca los conceptos fundamentales de Freud. Dice que Freud basó sus ideas en una antropología evolutiva incorrecta. Wells calificó a la teoría de la «horda» primordial de mito antropológico evolucionista espúreo.

Jay Adams ha escrito: «Uno de los logros que debería ser atribuido al freudianismo es la parte crucial que ha jugado en el actual derrumbamiento de la responsabilidad en la moderna sociedad americana. Otro de ellos es la contribución de Freud a las presuposiciones fundamentales de la "nueva moralidad".»

El conductismo:
Mientras Freud enfatizaba impulsos y apremios interiores, una explicación más reciente de la conducta del hombre destaca las causas e influencias externas y ambientales. El trabajo pionero de Pavlov con perros descubrió el «reflejo condicionado». Un profesor de psicología en la Universidad John Hopkins, John Watson, influido por Pavlov, desarolló la teoría del Conductismo. Creía él que «la personalidad es el producto final de nuestro sistema de hábitos». De este modo, el hombre es para Watson un producto de la evolución: «Un animal, diferente de otros animales sólo en los tipos de conducta que exhibe.»

El principal proponente del Conductismo en la actualidad es B. F. Skinner, un renombrado psicólogo de Harvard. Es un brillante científico y ha escrito muchas obras. Su libro más popular es Más allá de la libertad y de la dignidad. Skinner cree que la conducta del hombre está controlada por el medio. Considera al hombre como un animal, y ha desarrollado sus ideas en base de experimentos con animales.

Mientras que Freud desarrolló sus ideas observando a los enfermos mentales, los conductistas ponen el acento en experimentos cuidadosamente controlados con animales. La religión, los valores y la moralidad son para los conductistas respuestas aprendidas, y lo bueno y lo malo son conceptos relacionados con la supervivencia. Concuerdan con el concepto freudiano de que los primeros cinco años de la vida determinan la conducta adulta. Creen que los padres han de ser permisivos y nada exigentes y que no deben frustrar al bebé o al pequeño, pues en caso contrario podrían producir conflictos conduciendo a neurosis en el adulto. El doctor Benjamin Spock defendió originalmente este enfoque —la permisividad, la cultura de las drogas y la ética situacional.

Skinner es ateo, aunque está bien familiarizado con la Biblia y otras religiones.

La escuela humanista:

Los humanistas creen que el hombre es la realidad última y que determina para sí mismo lo que es bueno o malo.

Un líder de esta escuela es O. Hobart Mowrer. Se opone a la creencia de Freud de que la enfermedad mental está arraigada en el conflicto del id con el super-ego. El resultado de este concepto fue una liberación del sentido de la responsabilidad personal y el tratamiento se convierte en una búsqueda del culpable a quien achacar los problemas que uno tenga: los padres, la iglesia, la educación, el sistema judicial, la sociedad, etc. Podemos ver el resultado de esta falacia cada día en los diarios.

El doctor Mowrer hizo mucho para demostrar los errores de Freud e indicar la ayuda disponible para los emocionalmente perturbados haciéndoles responsables de sus conductas. Sin embargo, era un humanista y no aceptaba la relación del hombre con Dios. La responsabilidad que Mowrer defendía para con uno mismo no era cristiana y debe ser rechazada.

Otro líder muy respetado de la escuela humanista fue Abraham Maslow, un doctor en psicología. Estudió bajo conductistas y estudió también extensamente psicoanálisis y antropología. Estaba en desacuerdo con Skinner y los conductistas que basaban sus conceptos en la «ciencia», En Motivation and Personality [Motivación y Personalidad] decía: «La ciencia es una creación humana, no una "cosa" autónoma, no humana, per se, con normas intrínsecas propias. Sus orígenes se encuentran en motivaciones humanas, sus metas son metas humanas.» Pensaba que los humanos son más que materia en movimiento y que poseen valores que los conductistas pasan por alto.

Maslow se mostró crítico acerca de la concentración de Freud en personas neuróticas y psicóticas. Dijo: «La imagen que tenía Freud del hombre era evidentemente inapropiada, dejando como dejaba de lado sus aspiraciones, sus esperanzas realizables, sus cualidades como divinas.» Sin embargo, también escribió: Es «deseable volver a evaluar la teoría del instinto y quizá incluso resucitarla en una u otra forma. ... Los seres humanos parecen ser mucho más autónomos y autogobernados que lo que permite la moderna teoría psicológica.»


Maslow desarrollo la teoría de la autorrealización. Lucy la explicaba en su quiosco de psiquiatra: «¡Qué pena que no seas una persona "autorrealizada", Carlitos. ... Las personas autorrealizadas están libres de temores e inhibiciones, se aceptan a sí mismas y aceptan a los otros; tienen propia estima y confianza. ...»
Carlitos pregunta: «¿Puedo llegar a ser una persona autorrealizada?»

Lucy: «¡Ni lo sueñes! Cinco centavos, por favor.»



El doctor Maslow razonaba que Freud no vio una verdadera imagen de la naturaleza humana porque trataba con personas con problemas. El doctor Maslow desveló una serie de útiles indicaciones acerca de la prioridad de las necesidades humanas, pero sus estudios los hizo sobre destacadas personas «autorrealizadas». Estudió una variedad de personas famosas de todo tipo de vocación, tanto vivas como muertas. Sólo uno de sus sujetos era «religioso», y así nunca aparece en la jerarquía de necesidades la necesidad más básica del hombre: la necesidad de relación con Dios. Maslow pone su fe en la ciencia, después de todo, en la psicología y en un creciente conocimiento sobre el hombre. Éste es un planteamiento totalmente humanista, y tiene que ser también rechazado.

Uno de los psicólogos humanistas más bien conocidos es Carl Rogers, que desarrolló el método «no directivo» de consejería. Rogers, lo mismo que Maslow, pone el énfasis en la bondad innata del hombre. Rogers asistió por un tiempo al Seminario Teológico Unión pero llegó a la conclusión de que no podía trabajar en un campo en el que tuviese que creer una doctrina religiosa específica. Rechazó el determinismo de Freud y de los conductistas, pero rechaza también la autoridad de la Escritura.



Debido a su popularidad en la actualidad, mencionaré dos adicionales técnicas psicoterapéuticas actuales:

Terapia de la Realidad, propuesta por William Glasser, y el Análisis Transaccional (AT) fundado por Eric Berne y popularizado por Thomas Harris. Rogers, Glasser y Berne son populares entre muchos cristianos porque enfatizan una forma de moralidad, de responsabilidad personal y de libre albedrío. Pero en el centro de todos los planteamientos humanistas se encuentra el Yo. Theodore Roszak declaró a Newsweek: «América está pasando por la mayor oleada de introspección que haya jamás sufrido ninguna sociedad en la historia.» Todas estas terapias humanistas niegan la autoridad y veracidad básicas de la Biblia.

¿Cómo deberíamos vivir, entonces?



Francis Schaeffer menciona el determinismo psicológico de Freud, el determinismo sociológico de Skinner y el determinismo genético de Francis Crick. Luego el doctor Schaeffer ofrece la única alternativa viable al determinismo, la afirmación bíblica de la moralidad, de los valores y del significado.

Hace varios años remití a un paciente muy perturbado a un psiquiatra que se suponía era cristiano. Al cabo de alrededor de un año de terapia volvió a verme muy agitado. Me contó que al ir avanzando las sesiones, se hizo más y más claro que sus problemas estaban relacionados con su fe católica. Luego, de un modo totalmente inesperado, el psiquiatra le confesó que él no creía en Dios.



Mi paciente se sintió invadido por el pánico. Me decía: «¿Qué voy a hacer? ¡He pasado todo un año intentando enderezar mi vida y ahora descubro que mi terapeuta no tiene fe!»

Aquel psiquiatra había perdido a su hijo por suicidio y era una persona con enormes problemas. El doctor estaba más enfermo que el paciente. Aparte de que el psiquiatra había violado la terapia al proyectar su propia angustia, poca ayuda hubiese podido prestarle al paciente. La psiquiatría no ofrece una filosofía de la vida ni una base moral. La psiquiatría, como hemos visto, es producto de la razón humana, con meras teorías acerca de la naturaleza del hombre. La Biblia es la revelación de Dios al hombre, y todas las teorías acerca de la vida y de su significado han de ser contempladas bajo la luz de la verdad bíblica.

En años recientes han ido surgiendo más y más psiquiatras y psicólogos cristianos. También ha surgido una creciente cantidad de literatura acerca de consejería cristiana. Jay Adams, por ejemplo, ha escrito extensamente acerca de consejería. Insiste en que los ministros cristianos y otros cristianos que conocen bien las verdades bíblicas están «Calificados para Orientar», siguiendo el título de su obra más fundamental. Ha efectuado extensos estudios —tanto en psiquiatría formal como en psiquiatría clínica, trabajando con perturbados mentales y con problemas vitales. Él llama a su planteamiento «confrontación noutética» y lo fundamenta en las instrucciones bíblicas.

El planteamiento noutético involucra tres elementos:
Llevar a cabo cambios en la personalidad y la conducta.

La confrontación verbal —«amor en contacto».

«El cambio en la vida de aquello que perjudica al aconsejado por medio del consejo, la amonestación, la advertencia, etc.»

Esto implica preguntas como:
«¿Qué ha estado usted haciendo?»

« ¿Qué se puede hacer en esta situación?»

« ¿Qué dice Dios que se debe hacer?»

El planteamiento defendido en la obra The Psychological Way/The Spiritual Way, por el doctor y la señora Bobgan es triple:
Hablar/escuchar

Confesión/aceptación

Reflexión/comprensión

¿Cuál es la receta para la salud mental y el bienestar? San Agustín lo expresó así: «Mi alma no tiene descanso hasta que reposa en ti.» La Biblia es el libro fuente sobre esta cuestión. El principiante encontrará la mejor receta para la paz en el Evangelio de Juan, capítulo 3, versículos 1 al 21, y la mejor instrucción para mantener la paz mental en Filipenses capítulo 4, versículos 4 al 9.

Fuente Consultada:
Paul W. Leithart, M.D. “Sin Fecha”. La Psiquiatría y La Biblia. Servicio Evangélico de Documentación e Información. Extraído el 3 de marzo de 2010 desde http://www.sedin.org/propesp/X0130_Ps.htm

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