domingo, 22 de mayo de 2011

Profesionales esencialmente periodistas

Lector
Los hábitos de los lectores de cara a las noticias han cambiado. A la lectura del periódico, se suman el consumo de información a través de sitios en internet y redes sociales. Desde allí no sólo la digieren, sino la comparten. Opinan e interactúan con ella. Ante ese panorama, el periodismo tal y como se hacía antes de la llegada de la red ha camb iado. Aunque la afirmación genere no pocas arrugas en el entrecejo de los comunicadores sociales, la buena noticia es que la esencia del oficio permanece.


¿Cuántas maneras tiene usted de estar informado? En un día típico puede ocurrir lo siguiente: mientras se viste o se toma el café, prende la televisión y escucha las noticias; sale de su casa y sintoniza el programa informativo de opinión de su preferencia; compra el diario o lo recibe; en medio de la cola y con mucho cuidado -por aquello de que el hampa no perdona- consulta en su teléfono inteligente el estado del tráfico, envía un mensaje de Twitter porque el resto de los citadinos no se han enterado de la tranca fenomenal en medio de la cual se encuentra. Llega a su oficina y despliega la versión web de su cabecera predilecta, o de varias. Vuelve a Twitter porque quiere conocer reacciones a las noticias del día...

Definitivamente sus hábitos de consumo de información han cambiado. Y si piensa en sus hijos o nietos han cambiado aún más. Seguramente no leen ni las comiquitas del domingo porque el periódico... destiñe, pero conocen y comparten información por otras vías: Twitter, Facebook, mensajes de texto, Youtube, Wikipedia.

Decíamos que sus hábitos de consumo de información han cambiado, por lo tanto podríamos pensar que el periodismo ha cambiado.

Hace ya unos años Jean-Francoise Fogel y Bruno Patiño decían en su libro La Prensa sin Gutenberg que "Internet no es un soporte más; significa el final del periodismo tal y como se ha vivido hasta ahora". Esta sentencia provoca un número de arrugas en el ceño directamente proporcional a la edad del periodista que la lee. Los que más arrugas acumulan dirán posiblemente que lo mismo se dijo de la radio y la televisión y aquí estamos. En la mañana se leen los titulares de la prensa en radio y televisión; durante el día los redactores monitorean los canales informativos para testear la realidad. Hay espacio para todos.

Sin embargo, es verdad que nunca antes fue norma general que les pidieran que, además de escribir su noticia para el diario, enviaran unos mensajes de texto para el Twitter, grabaran un podcast para el portal y empezaran a pensar cómo estructurar la noticia: qué irá para el papel, qué para la web, qué para las redes sociales, qué para el servicio de telefonía.

Esto desencadena unas reacciones que podemos llamar naturales: "más trabajo" o "los nativos digitales me tienen la partida robada; ¡cómo si no, si la última vez que jugué tenis en video juego el programa me dijo que tenía 102 años!".

El auge de los medios digitales y su diversidad están impulsando a los periodistas a que adquieran nuevas competencias. Ya no les basta saber escribir para un diario, o poder comunicar a través de la radio o la televisión. Ahora tienen que poder integrar todo esto en un discurso multimedia, que combine en la misma pieza informativa texto, video, audio, infografías, etc. Aunque seguramente no les toque hacer toda la producción de esa unidad de información, conceptualizarla les obliga a tener conocimientos y ciertas destrezas en las tecnologías a su disposición.

El periodismo es cada vez más un trabajo en equipo, la información se produce en grupos interdisciplinares. Eso exige no sólo habilidades sociales e inteligencia emocional, sino una buena dosis de humildad para desprenderse de la firma personal y reconocerse parte de un trabajo colectivo.

Si antes un periodista se parecía más a un artista, ahora se asemeja cada vez más a un gerente. Tiene que planificar la producción de la información, trabajar con recursos escasos, contra un reloj más implacable que la hora de cierre porque las audiencias y la competencia demandan cada vez más inmediatez.

Y hay que conversar con las audiencias. La gente quiere hablar con los medios, con los periodistas. Las posibilidades de interacción abiertas gracias a la web 2.0 socavan la primacía de modelos de comunicación unidireccionales donde el medio emite y el público recibe. Los contenidos generados por los usuarios son cada vez más abundantes en las redacciones. Ya los ciudadanos no tienen que esperar a entrar en la agenda informativa. Ahora tienen sus propios canales de comunicación, sus propios espacios para construir comunidades, en las que el medio y el periodista son un interlocutor más. Repetimos, hay que conversar, no informar, no emitir, no contestar cartas y reclamos, sino conversar.

La transformación del perfil profesional del periodista aún no está concluida. Mientras unos abogan por una hiperespecialización, en la que cada profesional realice unas tareas concretas, la situación de nuestros medios y la estrechez del mercado laboral parecieran señalar que mientras más integrales, los periodistas tienen más posibilidades de asumir los cambios tecnológicos sin perderse en las herramientas.

Y esto es así porque lo esencial del periodismo no ha cambiado. El periodismo, como la comunicación social, sigue siendo una conversación de personas con personas. La tecnología solo ha potenciado las posibilidades de ese diálogo. El periodismo sigue siendo una profesión con una honda vocación de servicio. Se sigue tratando de ofrecer a las personas información verdadera para que puedan tomar decisiones acertadas sobre la vida en sociedad; de ofrecer una visión de la realidad contextualizada, ponderada, proporcionada. Se sigue tratando de ayudar a construir sociedades cada vez más democráticas. Y eso es independiente de si la noticia se capta en una radio de galena, se escribe en una máquina Olympia, o se condensa en 140 caracteres.


Fuente: http://www.eluniversal.com/2011/05/16/profesionales-esencialmente-periodistas.shtml 

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