jueves, 4 de marzo de 2010

Me siento rechazada e ignorada

Cantares 2:14«Paloma mía, que te escondes en las grietas de las rocas, en las hendiduras de las montañas, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; pues tu voz es placentera y hermoso tu semblante.»

¿Cuántos alguna vez tuvieron la sensación de que alguien las estaba rechazando, que no les daba importancia, las ignoraba…?

¿Cómo se llamaba la esposa de Noé? ¿Cómo se llamaba la esposa de LOT? ¿Cómo se llamaba la mujer pecadora que se acercó a Jesús? ¿Cómo se llamaba la esposa de Sancho Panza? Cervantes le puso a la mujer de Sancho Panza en toda la historia tres nombres diferentes; a veces la llamaba Teresa, a veces María, a veces Juana.


¿Cómo se llamaba tu tatara-abuela? ¿Cómo se llama la cajera que te cobra en el supermercado chino? ¿Cómo se llamaba la hija de faraón, quien recogió a Moisés del agua? ¿Cómo se llamaba la esposa de Potifar, la que acosó a José? …No sabemos.

¿Vieron cuántas mujeres son ignoradas? Leemos la historia, pero ni siquiera conocemos su nombre; pero a pesar de que el nombre de estas mujeres ha sido ignorado, tienen historias para contar; y nosotras hoy contamos sus historias. Quiere decir que a pesar de que han sido ignoradas por su nombre, ellas fueron protagonistas de sus vidas.

Y de eso se trata la vida: de ser protagonista; no de hacer un papel secundario. Y eso no tiene nada que ver con que te hayan rechazado o con que te hayan ignorado, sino con que vos te atrevas a ser la protagonista de tu vida.

El rechazo es un mito; en realidad el rechazo no existe. Por ejemplo: si yo llamo a alguien y no me responde, y digo “no me miró; me está ignorando.” Si le pregunto a alguien: “¿me invitas a cenar esta noche?” Y me responde que no, ¿qué es lo que yo perdí? Si yo antes de preguntarle no tenía a nadie con quién cenar, y me dice que no, estoy igual que antes; o sea que no perdí nada por ese no. Si un hombre te invita a salir, y después no te vuelve a llamar ¿perdiste algo? Antes estabas sola, y ahora sin él ¿no estás igual que antes? O sea que no pediste nada. El rechazo no existe.

Si vas a una entrevista laboral y no te dan el trabajo, ¿perdiste algo? Antes no tenías trabajo, ahora estás en la misma situación que antes. El rechazo no existe.

¿Cuál es el problema del rechazo? ¿Cuál es el problema cuando te dicen que no? ¿Cuál es el problema cuando te ignoran? El problema es el diálogo interno que empieza a producirse en tu cabeza, ese es el gran problema. El problema no es el rechazo o que alguien te ignoró; no es la situación en sí, sino lo que te hablas internamente. Todas las preguntas que nos hacemos después que una persona –una pareja, una amiga, un jefe–nos dijo que no a algo, son dolorosas según cómo recibo yo esas palabras. Porque hay un secreto: cuando te atacan un área, esa área es la más fuerte de tu vida.

Cuando vos podés empezar a pensar positivamente sobre ese aspecto, cuando vos podés empezar a pensar con pensamientos cariñosos hacia tu vida, entonces te vas a dar cuenta que podés transformar transformar todo rechazo que en una gran bendición.


1) “El rechazo no me va a detener”
Cuando te rechacen no te des por vencida; cuando alguien te rechace no te quedes en el rechazo; decí: “que pase el próximo”. Si alguien te rechaza, no te quedes estancada en el rechazo, en el resentimiento, en la anécdota; insistí con el siguiente, “que pase el que sigue”.

Había un hombre llamado Harland Sanders que tenía una receta especial para cocinar pollo frito; era un receta única. Fue a ofrecerle su negocio a trescientas personas, que probaron el pollo frito… las trescientas personas le dijeron “esto no va a funcionar, no me interesa.” Hasta que un día alguien creyó en su idea. Hoy esta persona tiene en Estados Unidos y en ochenta países ¡once mil restaurantes donde se sirve su pollo frito! Por eso cuando te rechacen vas a hacer un gesto de “¿qué me importa?” Si te dicen: “no te voy a dar el trabajo, no te quiero, no servís para nada, lo tuyo no sirve, nunca vas a llegar a nada” ¿qué tenés que hacer? “Que pase el próximo”.

Alguien en algún lugar y en algún momento va a decirte que sí; a alguien –en algún lugar y en algún momento– Dios lo tiene preparado para darte la sorpresa: te va a decir que sí.

La mujer del relato de la Biblia, que estaba enferma de flujo de sangre, dice que recorrió todos los médicos, y todos le decían que no tenía cura. Hasta que un día ella fue a Jesús, tocó el borde del manto de Jesús, y el Señor le dijo: “sí, estás sana, ha llegado sanidad a tu vida.” ¿Y por qué siempre vamos a obtener el sí? Porque ya hay un sí previo al sí humano; hay un sí previo que es el sí divino, que Dios ya puso en tu vida. Es el sello de que todo lo que hagas te va a salir bien; Dios ya lo puso sobre tu vida. Y antes del sí humano hubo un sello que puso Dios sobre tu vida. Jesús le dijo a sus discípulos: “vayan a predicar, y si alguno no los acepta ustedes sacúdanse el polvo de los pies”. Eso es lo que tenes que hacer cuando te rechacen: sacudir el polvo de tus pies y decir: “que pase el próximo”. No somos de las que retrocedemos, somos de las que vamos por más y seguimos avanzando.

A mí me dio mucha bronca cuando una editorial rechazó mi primer libro; y después me di cuenta… ¿qué perdí yo? Si igual el libro estaba, la gente lo leía, solo que no estaba en una editorial. Hasta que me di cuenta que hay que golpear la puerta correcta. ¿Cómo se conoce la puerta correcta? Cuando seguís diciendo: “el próximo”. Porque aunque uno no sabe cuál es la puerta correcta, uno va golpeando; la puerta correcta viene después que hiciste pasar al próximo, al próximo, al próximo. Y en un momento la puerta se te va a abrir. A mí ya se me abrieron como seis editoriales. Una me rechazó, pero se abrieron seis; porque dije: “que pase el próximo”.

2) “Cuando me rechacen no le voy a leer la mente a nadie”Es muy común que las mujeres rechazadas vivan leyéndole la mente a los demás. Por ejemplo: “yo no le digo nada a él, porque si se lo pido no va a querer dármelo”; “no… mejor no le digo esto a ver si se enoja”; “él no va a poder acompañarme, yo creo que va a decirme que no, yo creo que se va a enojar”, y así vivimos leyéndole la mente a los demás. Las mujeres muchas veces hacemos eso, generalmente ya tenemos la respuesta del otro en nuestra cabeza, y actuamos tratando de leerle la mente a los demás. Esas frases nacen del registro mental de un rechazo anterior. Cuando vos respondés antes de que te respondan, es porque hay un registro mental de rechazo; pensás que el otro instantáneamente te va a decir que no, te va a rechazar.

Paloma mía, ¿por qué te escondes?..” “…estás escondida en los agujeros de la peña de la montañas” ¿Por qué se escondía esta mujer? Porque le daba vergüenza su color de piel. Cantares en el capítulo uno dice: “no se fijen en mi tez morena ni que el sol me bronceó la piel.” Le daba vergüenza su color de piel oscura… “si mi amado ve el color de piel me va a rechazar” ¿y por qué viene esto? Porque en esa época la piel pálida y blanca era el parámetro de la belleza; la mujer que tenía la piel pálida y blanca indicaba que esa mujer tenía una vida de ocio, y que tenía origen de la alta alcurnia, era de un nivel elevado. En cambio la mujer de piel morena era la mujer que tenía que trabajar en el campo, era la mujer que tenía que pasarla difícil para lograr lo que quería, para poder subsistir. Y a esa mujer le quedaba la piel bronceaba; por eso no era bien vista una mujer que tenía la piel bronceada.
El rechazo que recibiste en algún momento de tu vida hace que te escondas, hace que no te arriesgues, hace que digas todo el tiempo: “no es para mí, no me lo van a dar, no me corresponde”. La mujer rechazada empieza a juzgarse a sí misma, porque le dijeron antes que no era digna y se lo creyó. ¿Cuál fue la expresión del amado cuando conoció a esta mujer? Le dijo: “bella entre las bellas, cuán bella eres amada mía; cautivaste mi corazón”. ¡Ella se escondía y el otro estaba enamoradísimo!

Vos pensás: “no me van a dar ese trabajo” y el otro está pensando: “cómo me gustaría que viniera a trabajar conmigo”. Vos pensás: “ese hombre no me va a dar ni la hora” y él está diciendo: “cómo me gustaría que me mire”. No hagas hablar a la gente por tu propia boca; dejá que la gente se exprese como quiere. Si te tiene que decir que no, te lo va a decir; si te tiene que decir que sí, gloria a Dios, y sino ¡que pase el próximo!

No tenés que leerle la mente a nadie. Eso te va a liberar, te va a ayudar a arriesgarte en la vida. No tenés que adelantarte a la respuesta ajena; buscá la respuesta de la boca de la persona, no la respuesta de tu mentalidad de rechazo, ni de las palabras incorporadas en tu mente. Andá a la fuente, a la persona misma. No le inventes palabras, no inventes discursos en el otro.

Eso también lo hacemos con nuestros hijos: “yo te diría que ni vayas a pedírselo tantas veces”. O decís: “pastora yo quería hablar con usted pero una mujer me dijo: ni se te ocurra hablar con la pastora porque no te va a atender” ¡y yo atiendo a todo el mundo!, mientras tenga tiempo atiendo a todo el mundo. Pero alguien te habló desde su propio rechazo. Vos tenés que ir a la fuente. La lectura mental es producto del rechazo. Tenés que ir al de arriba de todo, que te va a decir que sí.

Cuando alguien te diga…
“a mi me parece que te va a decir que no”
“…a mí no me parece nada; yo voy a ir y le voy a preguntar”
“a mí me parece que ese trabajo no es para vos”
“…a vos no te parece nada y a mí tampoco; yo voy a ir y me voy a presentar”
“a mí me parece que esa ropa no es para vos”
“…vos no te preocupes; yo me la voy a ir a poner y voy a ver qué es lo que habla mi aceptación de mí misma”.

Nunca te rechaces, porque no hay peor rechazo que el rechazo de una misma. Porque la rechazada se rechaza a sí misma y rechaza a los demás, y quiere que los demás también se sientan rechazados. Hay padres que le dicen a los hijos: “ni se te ocurra pensar en ir a esa universidad porque ese no es tu ambiente…” ¿Quién dijo que no es tu ambiente? “Porque es muy cara la facu, vos no sos de ese lugar; ¿querés ir a estudiar? ¿ahí vas a ir a estudiar?”, porque le metemos rechazo a nuestros hijos. Si nuestros hijos dicen que pueden, vos tenés que fortalecer eso que ellos están creyendo de ellos mismos: “dale, yo sé que podés, lo vas a lograr, te apoyo y te bendigo en el nombre del Señor”. No le transmitas rechazo a tus hijos.

3) “Tengo que levantar un monumento y no un muro con las piedras del rechazo”Alguien te soltó una palabra de rechazo y esa palabra estalló en tu vida, en tu cara, y han quedado piedras desparramadas en toda tu vida, ¿qué tenés que hacer? Tenés que buscar esas piedras.

Lo más importante es lo que vas a hacer con esas piedras, con ese dolor del rechazo, con esa sensación de miedo, con esa negatividad para arriesgarte; qué vas a hacer con esas piedras que han quedado sueltas después del rechazo… Vos podés construir un muro o construir un monumento. ¿Qué es un muro? Una fortaleza. Vos vas construyendo alrededor un muro alto, alto, alto, para que nadie vuelva a lastimarte o a herirte, parece que te protege de lo que te daña. Son esas mujeres que –como se han sentido rechazadas– tienen un carácter feo, porque no quieren que nadie las vuelva a rechazar, y viven rechazando y menospreciando a los demás.

Mujeres que tienen conductas emocionales desordenadas: lloran, mañana están contentas, pasado mañana gritan; mañana se tiran los pelos; porque no saben qué hacer con su conducta emocional. Son esas mujeres que tienen conductas sexuales desordenadas. ¿Cómo puede ser que –por ejemplo– recién separada puedas construir una relación sana, si todavía no sanaste las heridas anteriores? ¿Por qué te estás apurando? Porque tenés miedo de volver a ser rechazada; no le das tiempo a la sanidad. Cada vez que vos te apurás en algo y no tenés tiempo para sanarte, estás cometiendo el peor error de tu vida, porque vas a volver a ser rechazada, porque no hubo sanidad del rechazo anterior. Hay que darse el tiempo necesario para sanar.

La primera persona con la que tenés que tener paciencia es con vos, y tenés que tenerte paciencia hasta que estés sana, hasta que te sientas bien, te sientas encaminada; y ahí sí podés tomar buenas decisiones. Sino, te estás quedando siempre en el mismo lugar y protegiéndote de aquello que te lastimó. Cuando vos te encerraste en un muro recordando todo el tiempo las palabras del rechazo, terminás siendo esclava de esas palabras de rechazo y terminás dentro de ese muro, protegiendo lo que te lastimó, protegiendo esa palabra fea, protegiendo esa frase que te dijo tu papá, protegiendo esa frase que te dijo tu mamá, tu jefe, tu ex-marido, o lo que te dice todos los días tu marido. Lo protegés porque construiste un muro: “no me lo van a hacer más; a mí nunca más me van a faltar el respeto; se van a dar cuenta quién soy yo” y protegés lo que te dañó. Lo primero que tenés que hacer es derribar el muro que construiste con esas piedras de rechazo; derribarlo, tirarlo, romperlo.

¿Y qué hago con las piedras que están ahí y no desaparecen? Lo que podés hacer es construir un monumento de adoración a Dios. Es tan importante que vos puedas tomar todo ese dolor del rechazo y llevárselo a los pies del Señor. Como hizo María, quien quebró el frasco de perfume sobre los pies de Jesús. Para poder tener un perfume tan caro, muchos creen que María se había dedicado por mucho tiempo a la prostitución, y que alguno de sus clientes le había regalado ese perfume. Cuando esta mujer viene a los pies de Jesús y quiebra el frasco de perfume, lo que estaba quebrando era todo su pasado, quebrando toda su reputación, todos sus recuerdos tristes, todos sus rechazos. Y los quebró a los pies del Señor.

Lo peor que te pude pasar es quebrar eso a tus propios pies; vos tenés que agarrar todo ese dolor y quebrarlo ante los pies de Jesús, y levantar un monumento de adoración: “Señor, acá está esto, lo vuelco ante tí”.

A veces el rechazo duele tanto que –como no entra dentro nuestro– empezamos a tratar de sacarlo fuera rechazando al otro. Por eso, la mejor manera es tomar todo tu pasado, todas esas frases, esas palabras, y quebrar ese frasco del pasado a los pies de Jesús. Y Él va a usar lo mismo que el enemigo tomó para dañarte, pero ahora para bendecirte. Porque Él te va a mostrar que, donde los otros vieron debilidad, era justamente la fortaleza que Dios había puesto en tu vida. Él va a mostrarte que, lo que los otros usaron para degradarte, era justamente la excelencia que Dios puso dentro de tu corazón. Cuando vos puedas hacer un instrumento con esas piedras, y empieces a sacar lo precioso de lo vil, te vas a dar cuenta que en las palabras de rechazo en realidad estaba tu fortaleza.

Algo quisieron opacar en tu vida, quisieron que no se vea algo, quisieron ocultar algo, quisieron decirte “no lo muestres porque es muy valioso”, y te lo ocultaron con palabras de rechazo; pero cuando vos levantás un monumento de adoración al Señor y le entregás las palabras de rechazo, Dios te va a ofrecer lo que Él te había dado, que estaba escondido en ese rechazo, y que vos pensabas que era lo negativo de tu vida, y en realidad es la bendición y la luz que tenés para mostrarle al mundo.

Dice que ella fue a los pies de Jesús y rompió el frasco: “esto es todo mi pasado, esto es todo lo que gané, y tengo una mala reputación; esto es todo mi dolor que te lo estoy entregando, no lo aguanto más, y sé que sos la persona indicada”. Quebrá eso delante de sus pies todo el tiempo, en vez de ir a tus propios pies. Entendé que había algo escondido y poderoso en vos; detrás de cada frase que oíste había una bendición que Dios te había otorgado y que otros la querían tapar y esconder. Y enseguida, cuando hizo ese acto tan precioso y levantó ese monumento de adoración a Dios, habló Judas.

Siempre va a aparecer un Judas, siempre va a aparecer un rechazado que te va a rechazar, que te va a decir “¡cómo vas a hacer eso delante de Jesús!, ¿vos creés que Jesús va a aceptar ese perfume que ganaste con la prostitución?, ¿vos te creés que Jesús te va a dar algo?” Siempre aparece un Judas que quiere traerte la herida del pasado. Judas dijo: “esto se lo podía haber dado a los pobres, y esta tonta mirá lo que esta haciendo: lo esta derramando, desperdiciando; con lo que cuesta ese perfume…” ¿Y qué le respondió Jesús?: “dejala en paz”. Yo me imagino cómo se lo debe haber dicho Jesús: “déjala en paz, no se te ocurra marcarle la vida, ni se te ocurra decir una palabra más de rechazo; dejala en paz que me ha levantado un monumento de adoración.”

Si lográs sacar lo precioso de lo vil, vas a ser la mujer más feliz del mundo.

Si podés darte cuenta que eso que te dijeron –que no servías, que no valías– ese es tu punto fuerte; si se te puede revelar qué hay detrás de esa critica, qué hay detrás de ese dolor, qué hay detrás de esa frase, qué hay detrás de esa palabra, de ese rechazo, qué hay detrás de esa actitud de ignorarte, qué hay detrás de ese castigo, ahí te vas a dar cuenta la fortaleza grande que el enemigo quiso tapar. Es una fortaleza construida para que nadie vuelva a herirte; pero en realidad lo que tenés que hacer es quebrar esa torre y salir a la vida, dejar de esconderte.
Cuando empieces a sacar eso que una vez te criticaron y escondiste, en ese momento el Señor te va a decir: “hermosa mía, amada mía, preciosa mía.” Comenzá a sacar lo precioso de lo vil; hay algo hermoso que todavía no diste a luz y está esperando; algo que fue aplastado, le han puesto el pie tantas veces; sacudítelo de encima. Tenés que decir: “que pase el próximo, el próximo, el próximo” hasta que Dios te va a dar el sí para abrir la puerta de bendición.

¿Cuál es el problema de las palabras negativas, si nadie te dio nada en la vida? El único que te dio todo fue Dios, el que siempre te acepta es Dios.

Porque cuando Él te ve, te ve aceptada, no tenés que hacer nada para agradarle. Si te atrevés a darte cuenta que cuando te dijeron: “no servís como mujer” –tal vez tu marido te lo dijo–, es porque hay una mujer apasionada y fogosa dentro que no sabés cómo manejar, por eso tratan de taparte. Cuando te dijeron: “vos como madre sos un desastre” es porque hay una mamá llena de sabiduría, y te quieren callar. Cuando te dicen: “usted para este trabajo no sirve”, es porque sos la persona más capacitada para ese trabajo; pero ese no es el lugar correcto. Por eso: “…que pase el que sigue” No es un problema tuyo, no es por falta de capacidad, sino porque no era la puerta correcta. Cuando toques la puerta correcta, la bendición se suelta. ¿Cómo se encuentra la puerta correcta?: que pase el que sigue, que pase el próximo. Hay una puerta que todavía no golpeaste que te detuviste.

En el rechazo pensamos: “no lo intento más, no lo hago más, acá me quedo, ya está, yo no lo voy a hacer más” y Dios te dice: “hay una puerta más que todavía no golpeaste, hay cinco puertas más que todavía no golpeaste”; y cuando golpees la puerta correcta la bendición se va a soltar. ¡Hay un sí esperando por tu vida!

Cuando alguien venga a tu vida a querer ignorarte, rechazarte, el Señor le va a decir: “¡dejala en paz!”, porque cuando te des cuenta de lo valiosa que sos vas, a seguir caminando. “¡Dejala en paz!, está yendo a conquistar; nadie más la moleste”.

El rechazo no existe; es solo lo que pensás dentro de tu mente.
Antes de pedirle algo a alguien, asegurate que primero se lo pediste a Dios. A veces con el apuro de la necesidad vamos directamente a la gente, y nos olvidamos de pedírselo primero a Dios. Parece algo tan simple y sencillo, pero nos olvidamos. Recordá que antes de pedirle algo a alguien, primero lo tenés que poner en manos de Dios; porque sabemos que Dios tiene un sí previo para nosotros. De la mano de quién vendrá, no lo sabemos; tal vez pase uno, tal vez pasen dos, pasará el próximo… no importa; pero a mí el no me va a afectar, porque primero me aseguré del sí de Dios.

Si hasta ahora le estás pidiendo a la gente amor, dinero, una casa, un lugar, y estás pidiendo migajas de amor, primero asegurate que se lo pediste al Señor, para que todo los no restantes no te lastimen y tengas suficientes fuerzas para seguir golpeando puertas, y decir: “que pase el próximo”. Nunca le leas la mente a nadie; porque cuando tenés el sí de Dios, Dios trabaja en la mente de la persona que te va a decir que sí.

A mí me gusta ser mimada de Dios; y saben que antes me lo cuestionaba –por todos esos conceptos tontos que tenemos– pero ahora no me lo cuestiono más; agradezco y entiendo que cada vez que alguien me dice un no, es porque ahí hay un secreto de bendición que dentro de poco lo voy a ver en mi vida. Me corresponde a mí seguir golpeando puertas, no decaer; que en ese no justamente está mi bendición, y voy a seguir insistiendo.
Fuente:
Stamateas, Alejandra (2009, Julio) "Mujeres Fuertes”. Extraído el 23 de septiembre de 2009 desde http://www.alejandrastamateas.com/nueva/auditorios/2009/julio/4/texto.html

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