lunes, 19 de abril de 2010

POR QUE ESTOY EN CONTRA DEL COMUNISMO

Dr. Fred C. Schwarz

(Trabajo realizado por el autor en las décadas del 70 y 80).

Lo siguiente es una respuesta dada por el Dr. Fred C. Schwarz, presidente de la Cruzada Cristiana Anti‑Comunista, a la pregunta: “¿Por qué está Ud. en contra de los comunistas?”

Esta respuesta se publicó en los Boletines de la Cruzada en forma de serie, y se reproduce en este folleto por completo.

Una pregunta sincera merece una contestación sincera. Recientemente me llegó esta carta:“Hágame el favor de explicar por qué Ud. y sus asociados de la Cruzada están en contra del comunismo. Ocurre que soy miembro del Parti­do Comunista de los Estados Unidos. Gracias.” Firmada, Jim.

Me he abstenido de mencionar el nombre y la dirección del remitente, con la esperanza de que su membresía en el Partido Comunista sea temporal y de que más tarde mire retrospectivamente hacia ella como una aberración juvenil. He aquí mi respuesta:


Querido Jim
Preguntas por qué estoy en contra del comu­nismo. Trataré de hacer que mi contestación sea tan específica y franca como tu pregunta. Estoy contra el comunismo porque me opongo a la guerra, la dictadura, el monopolio, la esclavitud, el clasismo, la eliminación de las clases, el canibalismo, el imperialismo, el ateísmo, el materialismo, el infan­ticidio espiritual y la idolatría. El comunismo preconiza y practica todos éstos.

Esta es una acusación grave y debe respaldarse con evidencia abrumadora. La evidencia que presen­te ha de ser de dos clases:

1. Declaraciones claras e inequívocas de autori­dades comunistas reconocidas, tales como Marx, Lenin y Mao Tse‑tung.

2. La ejecutoria de los hechos de los gobiernos comunistas.


LA GUERRA
Karl Marx declaró: “La fuerza es la comadrona de todas las sociedades viejas que llevan otras nuevas en sus vientres.” (Das Kapital). Mientras que Frederick Engels dijo: “La fuerza es el instrumento con la ayuda del cual el movimiento social se abre paso a través de los modos políticos fosilizados y los destroza.” (Anti‑Duhring).

Lenin dijo: “Toda gran revolución, y en particu­lar una revolución socialista, aún cuando no hubiera ninguna guerra externa, es inconcebible sin la guerra Interna, como por ejemplo. la guerra civil, que es aún más devastadora que la guerra exterior, e Involucra millares y millones de casos de vacilación y deserción de un lado al otro, implica una situación de falta de determinación, falta de equilibrio y caos extremados.” (Revista de Pekín, Febrero 28 de 1975, página 7).

Mao Tse‑tung y el Partido Comunista Chino glorifican la guerra. Un articulo titulado “Apoyad el Punto de Vista Marxista sobre la Guerra, Criticad el Punto de Vista Revisionista de Lin Piao” apareció en la edición de la Revista de Pekín de Febrero 21 de 1975. Dicho Articulo declara: “El Secretario General Mao ha señalado: 'La Historia muestra que las guerras se dividen en dos clases, justas e Injustas. Todas las guerras que son progresistas son justas, y todas las guerras que impiden el progreso son injustas. Nosotros, los comunistas, nos oponemos a todas las guerras injustas que impiden el progreso, pero. no a las guerras progresistas y justas. No solamente nó nos oponemos los comunistas a las guerras justas, sino que participamos activamente en ellas'.” (Página 6 del texto citado).

"El Secretario General Mao nos ha enseñado: 'La bandera de la guerra justa de la humanidad es la bandera de la salvación de la humanidad. La bandera de la guerra justa de China es la bandera de la salvación de China.' (Problemas de Estrategia en la Guerra Revolucionaria de China.) Las guerras revolucionarias justas pue­den acelerar la muerte de las cosas decadentes y el crecimiento de las cosas nuevas. No sólo pueden desinflar la arrogancia viciosa del enemigo, sino también limpiar la suciedad de las filas revolucionarias. Las fuerzas revoluciona­rias están siempre instruidas y templadas, y crecen y se extienden en el curso de la guerra.” (Página 7 del texto citado).

Históricamente, los comunistas han practicado lo que han predicado. La segunda guerra mundial fué comenzada por medio de un acuerdo entre los nazis de Alemania y los comunistas de la Unión Soviética, para invadir a Polonia y repartírsela. Actualmente los comunistas, especialmente los de China y Cuba, están esforzándose por encender la guerra revolucionaria en todo el mundo.


LA DICTADURA
El objetivo de la guerra comunista es el de establecer “La Dictadura del Proletariado.” Karl Marx declaró: “Entre las sociedades capitalista y comunista se halla el periodo de la transformación revolu­cionaria de la una en la otra. También corres­ponde a éste un periodo de transición política, en el cual el estado no puede ser otra cosa que la dictadura revolucionaria del proletariado.

Al destruir las condiciones de opresión exis­tentes por medio del traslado de todos los medios del trabajo al trabajador productivo, al mismo tiempo que se obliga a todos los individuos físicamente hábiles a trabajar para vivir, se quitará la única base del gobierno de clase y de la opresión. Pero antes de que pueda consumarse dicho cambio, se necesita una dictadura del proletariado, cuya premisa más importante es un ejército del proletariado.” (Revista de Pekín, “Marx, Engels y Lenin sobre la Dictadura del Proletariado”, Febrero 28 de 1975, página 6).

Lenin describió la dictadura del proletariado con estas palabras: “La dictadura del proletariado es una lucha constante ‑ sangrienta y sin sangre, violenta y pacifica, militar y económica, educativa y ad­ministrativa ‑ contra las fuerzas y las tradicio­nes de la sociedad vieja. La fuerza del hábito de millones y decenas de millones es una fuerza extremadamente terrible. Sin un partido de hierro, templado en la lucha, sin un partido que disfrute de la confianza de todo lo que sea honrado en la clase dada, sin un partido capaz de vigilar el estado de ánimo de las masas e Influir en él, resulta imposible efectuar esa clase de lucha con éxito. . .Quienquiera debili­te, aunque sea en pequeña medida, la discipli­na de hierro del partido del proletariado (espe­cialmente durante la época de su dictadura), realmente ayuda ala burguesía contra el prole­tariado.” (Revista de Pekín, Febrero 28 de 1975, página 8).

Lenin definió la dictadura del proletariado como “el dominio ‑ no limitado por la ley y ‑basado en la fuerza‑del proletariado sobre la burguesía, dominio que disfruta de la simpatía y el apoyo de las masas trabajadoras y explotadas.” (Problemas del Leninis­mo ‑ Moscú: Editorial en Idiomas Extranjeros, 1953, página 51).

Puesto que la dictadura se basa en la fuerza y no está limitada por la ley, las personas no tienen derechos civiles. El gobierno no se halla restringido por la constitución ni el imperio de la ley, Esto es tiranía desnuda.

La llamada “República Popular China” acaba de adoptar una nueva constitución. Dicha constitución declara: “La República Popular China es un estado socialista de la Dictadura del Proletariado, guiado por la clase trabajadora y basado en la alianza de los trabajadores y los campesinos.”

Hay evidencia abrumadora de que el comunis­mo predica tanto como practica la dictadura brutal y ley. Esta dictadura profesa ser la de toda la clase trabajadora sobre los estados de la clase mercantil.

Sin embargo, como dijera Trotsky, en la prácti­ca el Partido Comunista le dicta al proletariado; el Comité Central le dicta al Partido Comunista; el Buró Político le dicta al Comité Central y el Secretario le dicta al Buró Político.


EL MONOPOLIO
El Partido Comunista gobierna estableciendo y manteniendo un monopolio total sobre todos los aspectos de la vida social. Este monopolio es político, judicial, económico, educativo y cultural. El Partido Comunista elabora todas las leyes y las administra después de haber sido aprobadas. Con­trola el ejército y la policía. Diseña el plan económico de la nación y controla la manufactura, la distribución, la banca y el comercio, de modo de monopolizar los empleos. Selecciona y adiestra a todos los maestros, prepara el programa de todas las escuelas y decide a qué escuelas deben asistir los estudiantes. Organiza y controla los sindicatos, los medios de comunicación, las actividades artísti­cas y deportivas. Aún la religión está subordinada a la dirección de un comisario.

Los comunistas están bien conscientes del poder que les da el monopolio sobre el trabajador individual. Han atacado viciosamente al capitalismo porque alegan que genera empresas monopolizado­ras que ejercen un control excesivo sobre sus trabajadores. Sin embargo, no hay monopolio en una sociedad capitalista que sea remotamente comparable al que ejerce el Partido Comunista en una sociedad “socialista”.

Por razón de su monopolio, el Partido Comu­nista ejerce un poder total sobre las vidas de todos los ciudadanos. Este poderes literalmente de vida o muerte. Se puede detener y encarcelar al ciudadano con o sin juicio; puede ejecutársele por decreto judicial o administrativo; puede despedírsele de su empleo y hacer que no consiga otro para que se muera de hambre; puede prohibírsele que viva donde le convenga dentro del país y que viaje dentro del mismo como desee; no puede salir del país sin un permiso, que rara vez se concede; se halla limitado en lo que lee, oye y dice, de modo que su mente llega a estar deformada por falta de informa­ción, y su personalidad mediante la supresión de las convicciones.

Aún cuando puede que no siempre ejercite estos poderes totalmente, la dictadura del monopo­lio comunista los tiene y puede llevarlos a la práctica cuando se le antoje.

Una definición sencilla de la dictadura comu­nista es: “Una sociedad en la cual el Partido Comunista puede, a voluntad, hacer que cualquier persona sea incapaz de obtener empleo y que, por lo tanto, esa persona se muera de hambre.” Es‑ el control por medio de la facultad de matar de hambre.


LA ESCLAVITUD
Es evidente que el ciudadano de tal sociedad no tiene derechos básicos. Es un esclavo. El Partido Comunista lo posee en cuerpo y alma y puede disponer de él como le plazca. La única libertad que tiene es la de obedecer y someterse. Su única liberación es la huida.

Esta esclavitud universal es la que causa la catarata de refugiados que abandona los países comunistas siempre que haya cualquier posibilidad de escaparse. Los comunistas de Alemania Oriental tuvieron que levantar el Muro de Berlín para evitar que huyera prácticamente toda la nación. Millones han huido y continúan huyendo de China Comunista para asentarse en las colinas desoladas de Hong Kong. El Hemisferio Occidental no ha conocido nada semejante al éxodo notable de más de medio millón de personas de la Cuba Comunista. Reciente­mente, los comunistas de Alemania Oriental efec­tuaron una encuesta y descubrieron, para su disgus­to, que nueve de cada diez jóvenes alemanes orientales se irían del país si tuvieran libertad para hacerlo.

Se dice que en la Europa Oriental prevalece una broma desagradable. Brezhnev y Kosygin hablan. Brezhnev dice: “Si permitimos la emigración libre, no quedará nadie en el país excepto tú y yo.” A lo que Kosygin replica: “En ese caso, mejor no cuentes conmigo.”

El alegato comunista de que todos los que huyen son delincuentes y capitalistas desplazados es tan absurdo, que no conoce a nadie más que a los que se engañan ellos mismos. El poderlo comunista ha levantado un vasto imperio de esclavitud. Esto no resulta contradicho por sus logros militares e industriales. Algunas de las grandes maravillas del mundo, tales como las pirámides de Egipto y la Gran Muralla China, fueron edificadas por esclavos. Los esclavos han combati­do frecuentemente con valor por sus amos, de modo que las proezas militares no son incompatibles con la esclavitud.


EL CLASISMO
Las doctrinas del comunismo se basan en el concepto clasista. Según este concepto, cada indi­viduo nace como miembro de una clase específica. Esta clase le confiere ciertas cualidades intelectua­les y morales y determina su valía. De modo que nadie puede ser considerado como un individuo. Debe siempre juzgársele como un miembro de su clase.

El comunismo enseña que las dos clases principales son el proletariado y la burguesía, o sean las clases trabajadora y mercantil; que el proletariado es creciente y progresista, mientras que la burguesía es decadente y reaccionaria; que los proletarios son virtuosos, mientras que los burgueses son malvados; que los proletarios están destinados a conquistar, gobernar y rehacer el mundo, mientras que los burgueses están destina­dos al depósito de basura de la historia.

Hay una injusticia evidente en juzgar y castigar a una persona por razón de las circunstancias de su nacimiento. Ningún individuo es responsable de su origen ni del medio en que haya nacido. A pesar de esto, durante la historia entera, el accidente del nacimiento ha conferido grandes ventajas o desven­tajas, pero los hombres justos han tratado siempre de que prevalezca el ideal de proporcionar equidad de oportunidades para todos, sin prejuicio de las circunstancias de sus nacimientos. Ahora el comu­nismo lucha para revertir este trámite, al enseñar que un grupo de personas nace para ser superior y otro para ser inferior.

La injusticia de juzgar a un individuo por el grupo a que pertenezca, antes que por sus propias acciones,. resulta evidente hasta para los niños de corta edad. Recientemente se me pidió que hablara a un grupo de alumnos de los grados 3°, 4° y 5°, sobre el tema del comunismo. Era una encomienda formidable. Busqué alguna base de conocimiento de la cual pudiera partir. Pregunté si alguno de los presentes sabía quién era José Stalin, pero a ninguno le sonaba el nombre. Entonces pregunté si alguno había sido alguna vez miembro de un grupo en el cual alguien hubiera hecho algo malo, por lo que el grupo entero fué castigado.

La reacción fué inmediata. Parecía que todos habían experimentado alguna situación parecida, y se mostraron indignados por la injusticia. Su sentido innato de justicia demandaba que tanto la recompensa como el castigo se administraran sobre la base de la actividad individual, no de la afiliación al grupo.


EL COMUNISMO ES LA INSTITUCIONALIZACIÓN EN MASA DE LA CULPA POR ASOCIACIÓN.
El papel fundamental que juega en el comunis­mo la “culpa de clase” queda revelado claramente en el famoso discurso de Khrushchev acerca de los delitos de Stalin, pronunciado ante el Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1956. En él, Khrushchev relacionó algunos de los crímenes escalofriantes de Stalin. Entre ellos inclu­yó la detención y ejecución del 70% de los miembros del Comité Central que eligió al propio Stalin en 1934. Declaró Khrushchev: “Se determinó que, de los 139 miembros y candidatos del Comité Central del Partido que fueron electos en el decimo‑séptimo congreso, 98 personas, o sea el 70%, fueron arrestadas y ejecutadas (principalmente en 1937 y 1938.” (La Destitución de Stalin, página 10).

Khrushchev procedió a debatir la culpabilidad o la inocencia de los arrestados y ejecutados. Pasan­do por alto asuntos menores, tales como actitudes y conductas, entró de lleno inmediatamente en la sustancia del asunto ‑las circunstancias de sus nacimientos. Declaró: “¿Cuál era la composición de los delegados al décimo‑séptimo Congreso? Según su origen social, el volumen básico de los delegados al Congreso procedía de la clase trabajadora.

Por esta razón, era inconcebible que un Congre­so formado de ese modo hubiera elegido un Comité Central, la mayoría del cual resultara ser enemiga del partido. (Página 10 del texto mencionado).


LA CULPABILIDAD SE DETERMINÓ A BASE DEL ORIGEN SOCIAL.
No se registra expresión alguna de critica o protesta contra este modo de asignar las culpas. Para los presentes, el enfoque fué completamente razonable. Se hallaban impregnados de las doctri­nas de clase, la guerra de clases y la culpa de clase.

Las doctrinas del clasismo son semejantes al racismo en que ambos condenan a grupos extensos de personas por razón de las circunstancias de sus nacimientos, sobre las cuales no han tenido control. No es sorprendente, por tanto, que el clasismo se haya mezclado con el racismo a través de la historia. El anti‑semitismo de Stalin y del actual régimen soviético ilustran esto.

LA ELIMINACION DE CLASES
Los comunistas creen que tienen un deber ineludible de eliminar a la burguesía. Esto deber hacerse si ellos han de poder crear la sociedad sin clases con la que sueñan. La dictadura del proleta­riado debe eliminar o liquidar a la burguesía y entonces la naturaleza del proletariado cambiará hacia la del hombre universal, con lo que se abolirán las clases y la lucha entre ellas.

Esto se ha manifestado miles de veces en la literatura comunista, pero debiera ser suficiente una declaración muy reciente en la REVISTA DE PEKIN de Febrero 14 de 1975: “En el caso de China, la nuestra es ahora una sociedad socialista de la dictadura del proleta­riado. Durante este período histórico, la disyun­tiva es entre consolidar la dictadura del proleta­riado, mantenerse en el camino del socialismo, eliminarla burguesía y, por medio de la lucha y la transformación prolongadas, crear gradual­mente las circunstancias en las cuales el capitalismo no pueda ni sobrevivir ni volver a surgir, o bien subvertir la dictadura del proleta­riado, restablecer el capitalismo, preparar el terreno para alimentar al capitalismo y permitir que las clases terratenientes y capitalistas vuelvan a ostentar el poder y a explotar y oprimir al pueblo trabajador.

Para continuar haciendo un buen trabajo con nuestra revolu­ción y construcción, y proporcionar una garan­tía digna de confianza para nuestra lucha de combatir y evitar el revisionismo, todos los miembros y cuadros del Partido Comunista, los trabajadores, campesinos, combatientes del Ejército Popular de Liberación e intelectuales debieran asignar gran importancia a este pro­blema y estudiar a conciencia la teoría de la dictadura del proletariado, a fin de consolidar­la.” (Páginas 6 y 7 del texto citado).

Nótese bien la frase “eliminar la burguesía”. Esto puede hacerse de varios modos, algunos veloces y otros lentos. Uno de ellos es la ejecución rápida de elementos burgueses seleccionados; otra es su encarcelación en campos de trabajos forzados hasta que mueran, mientras que un tercero consiste en una campaña en masa de reforma por medio del trabajo.

Los tres métodos han sido empleados por varios regímenes comunistas en distintas épocas. Los métodos seleccionados dependen de las cir­cunstancias de la época y según creo, de las preferencias del dictador.
Siempre que el comunismo se ha apoderado del poder, una de las primeras acciones de la dictadura ha sido “eliminar” a un grupo selecto de la burgue­sía. Las más de las veces ésto ha significado asesinatos en masa en enorme escala. Varios Comités del Congreso estadounidense han publica­do estimados autorizados del número de personas ejecutadas en la Unión Soviética y la República Popular China como resultado de Is conquistas comunistas. Después de cuidadosas investigacio­nes, el Sub‑Comité de Seguridad Interior del Senado informó que los ejecutados en la Unión Soviética ascendían a entre 35 y 45 millones de personas (El Costo del Comunismo Soviético en Vidas Humanas, 1970), mientras que en la China Comunista las cifras son algo mayores, entre 34 y 63 millones (El Costo del Comunismo en China en Vidas Humanas, 1971).

Es sensato considerar que los comunistas han hecho esto a pesar de algunas limitaciones posibles sobre su poder. En el pasado, la libertad de la dictadura se vela restringida por el conocimiento de que existían en el mundo fuerzas lo suficientemente poderosas como para derrocarlos, y que no debían provocar a dichas fuerzas hasta haber actuado. Si los comunistas logran sus objetivos de conquista mundial, no existirá ninguna fuerza exterior capaz de limitarles. Bajo tales circunstancias, inspira terror pensar lo que podrían hacer. Podrían llevar a la práctica su doctrina de eliminación de clases sin limitaciones.

EL CANIBALISMO
El comunismo no queda satisfecho con la destrucción de sus enemigos; también devora a su propia clase. Pocos empleos tienen factores riesgo­sos tan altos como hallarse entre la dirigencia superior de un Partido Comunista que se apodere del poder. En la práctica, todos los comunistas principales que se asociaron con Lenin para la conquista de Rusia fueron recompensados con ejecuciones llevadas a cabo por la policía comunis­ta.


El Comité Central del Partido Comunista que organizó la conquista de Rusia estaba formado por 31 miembros y suplentes. Lenin alegaba que el éxito del golpe comunista se debía a las cualidades inigualables de carácter e inteligencia que poseía este grupo. La mayor parte de sus miembros había renunciado a la comodidad y a los privilegios y había elegido vidas de dureza y sufrimiento para adelantar la causa del comunismo. Tenían gran inteligencia y eran historiadores y filósofos, así como hombres de acción, templados en el fuego del ardor revolucionario. La mayor parte de ellos había sufrido encarcelamiento y torturas sin doblegarse.


Su hora de éxito había llegado. El partido al que ellos daban órdenes se apoderó de Rusia y la gobernaba. Ahora podrían vivir en el ambiente nuevo y en vías de perfección del socialismo, liberados de las influencias degradantes del capitalismo. ¿Qué les ocurrió? Dos de ellos, Lenin y Sverd­lov, murieron de muerte natural en los primeros años del gobierno comunista; otros dos, Stalin y Kollontai, vivieron hasta avanzadas edades, y Stalin llegó a tener un poder dictatorial absoluto que utilizó con falta de escrúpulos rayana en demencia. A los demás se les acusó, atacó, detuvo, torturó y ejecutó, todo ello por parte de los propios comunis­tas. Cuando murió Lenin en 1924, el Buró Político consistía de siete hombres: Stalin, Zinoviev, Kamenev, Trotsky, Bukharin, Rykov y Tomsky. Todos, menos Stalin, fueron destruídos físicamen­te. El comunismo devora a los suyos; es canibalisti­co.


Este proceso continúa hoy. En 1966 se desató la Gran Revolución Cultural en China y destruyó a muchos grandes dirigentes comunistas. En aquella época, el presidente de la China Comunista era Liu Shao‑chi. Este había permanecido hombro con hombro junto a Mao Tse‑tung durante más de 30 años. Juntos habían construido el Partido Comunis­ta Chino y efectuado la campaña que resultó en la conquista de la tierra firme de China en 1949. El libro de Liu, titulado “Cómo ser un Buen Comunis­ta”, se había reproducido en muchos millones de copias y había alimentado a toda un generación de héroes comunistas.


A medida que se desarrollaba la Gran Revolu­ción Cultural, concentró sus energías en un ataque personal rencoroso contra Liu Shao‑chi. Se le acusó de ser un simpatizador del capitalismo que había taladrado su camino hacia la dirigencia del partido. Se le describió como un “montón de basura podri­da".


En lo más violento de la campaña, sencilla­mente desapareció. Existió una situación extraña en cuanto a la condición y la situación desconocidas del cabecilla del Estado Comunista Chino. Durante cinco años permaneció en el limbo, y entonces se hizo un anuncio categórico de que “estaba muerto, tanto física como políticamente.” De qué modo, cuándo y dónde murió, no se sabe hasta la fecha. Ni siquiera podemos tener la seguridad de que esté muerto, ya que las declaraciones de los comunistas no son dignas de confianza. Asumiendo que esté muerto, fué devorado por el movimiento comunista, al que dedicó su vida.


Después vino la compaña insensata contra Confucio y Lin Piao. El intento de identificar los caracteres y las creencias de estas dos personas desafía la verdad y la razón. Lin Piao fué el comunista doctrinal de línea dura, cuya vida se dedicó al ascetismo y a la guerra.
El ataque no era solamente contra Lin Piao, que ya murió al imprimirse este folleto. (Década del 70). Era contra Lin Piao y sus “seguidores”. No se nombró a los últimos, pero de seguro que eran comunistas de alto rango que se hallaban en espera de que les cayera el hacha encima.

El comunismo es canibalístico.
Mientras que la Unión Soviética, la China Comunista y su progenie han practicado sin descanso cursos de acción encaminados a tragarse país detrás de país, el mundo libre ha procurado llevar a a práctica los principios de auto‑determinación e independencia".

Desde la segunda guerra mundial, sesenta y ocho anteriores zonas coloniales o semi­coloniales han alcanzado la auto‑determinación y han llegado a independizarse, en el mundo no comunista. Estas hablan sido dependencias de Australia, Bélgica, Dinamarca, Egipto, Francia, Inglaterra, Italia, Japón, Holanda, Nueva Zelanda, España y los Estados Unidos".

Estas nuevas naciones han adoptado políticas exteriores de acuerdo con sus propios criterios y trámites.” (Página 49 del informe citado).

Las naciones que han obtenido la independen­cia desde la segunda guerra mundial ocupan una superficie de 30,233,124 Millas cuadradas y tienen una población total de 1,153,452,053 habitantes.


El control que ejerce la Unión Soviética en algunos países se halla disfrazado, pero es cierto. Existe el sofisma de que los gobiernos comunistas nacionales son independientes y elaboran sus pro­pios cursos de acción. Si los pueblos de esas naciones, empero, deciden ejercitar su derecho inalienable de elegir sus propios gobiernos y la decisión resulta desagradable para los amos impe­rialistas soviéticos, la acción q e sigue es rápida y violenta. Cuando el pueblo húngaro expresó su deseo de tener un gobierno que lo fuera comunista, los tanques, cañones y soldados de la Unión Soviética volvieron a imponer el control comunista a sangre y fuego. Se utilizó la fuerza militar sin cortapisas de modo semejante para frustrar las esperanzas del pueblo de Checoslovaquia tocantes a la independencia nacional y a la libertad política.

La excepción que confirma la regla es la nación yugoeslava. Esta ha podido establecer una indepen­dencia parcial por razón de su distancia con la Unión Soviética y la estatura de su dirigente desaparecido, el Mariscal Tito.


El conflicto actual entre los gigantes comunis­tas, la Unión Soviética y la llamada República Popular China, ha permitido a unos pocos países comunistas, tales como Rumania y Albania, una libertad de acción limitada.


La Unión Soviética misma es un vasto imperio en el cual muchos pueblos sojuzgados están some­tidos al dominio de los rusos. La constitución de la Unión Soviética otorga el derecho de autodetermi­nación a cualquier minoría nacional, pero las puer­tas de las prisiones y de los hospitales para dementes se abren de par en par a fin de recibir a cualquier persona lo suficientemente cándida que se atreva a recomendar que el pueblo trate de ejercer este derecho constitucional.


EL IMPERIALISMO ‑ LA DOCTRINA BREZHNEV
Durante muchos años, la Unión Soviética ejer­ció el control de hecho sobre los países satélites. Este control se ha formalizado ahora por medio de lo que se conoce como “La Doctrina Brezhnev.” Esta declara que el movimiento comunista internacional tiene la responsabilidad de asegurarse de que no se derroque a ningún gobierno comunista por parte del pueblo de ninguna nación, y de que si dicho derrocamiento parece inminente, resulta imperativo y moral efectuar una invasión militar para evitarlo. Esto garantiza que, una vez impuesta la dictadura del Partido Comunista en cualquier nación, perma­necerá allí para siempre.

La Doctrina Brezhnev se declaró y aplicó por primera vez en 1968, cuando las corrientes de liberación nacional fluían enérgicamente en Che­coslovaquia. Las delegaciones de los Partidos Comunistas de la Unión Soviética, Bulgaria, Hun­gría, Polonia y Alemania Oriental se reunieron en Varsovia, redactando y enviando una carta al Comité Central de Checoslovaquia el 18 de Julio. Dicha carta manifestaba: “Cada uno de nuestros partidos es responsa­ble, no sólo ante su clase trabajadora y su pueblo, sino también ante la clase trabajadora internacional, el movimiento comunista mun­dial, y no puede soslayar las obligaciones que se derivan de esto. Por lo tanto, debemos estar unidos para defender los logros del socialismo, nuestra seguridad y las posiciones internacio­nales de toda la comunidad socialista.” (Daily World, Julio 19 de 1968, página 2).

Y continuaba con esta declaración ominosa: “Tenemos la convicción de que se ha producido una situación en la cual la amenaza a los cimientos del socialismo en Checoslovaquia pone en peligro los intereses vitales comunes de otras naciones socialistas. Los pueblos de nuestros estados nunca nos perdonarían el ser indiferentes y despreocupados frente a tal peligro.” (Daily World, Julio 19 de 1968, página 2).

La invasión militar fué la aplicación lógica de estos alegatos.

Debe hacerse notar que la Doctrina Brezhnev justifica la invasión militar, no sólo cuando el Partido Comunista se vea amenazado con el derro­camiento, sino también cuando el propio Partido Comunista elija otorgar libertades populares que no sean aprobadas por la Unión Soviética.

LA CONQUISTA MUNDIAL
El apetito imperialista del comunismo es insa­ciable. No puede saciarse hasta que todos los pueblos del mundo estén gobernados por dictadu­ras comunistas. El Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética declaró en su alocución a los pueblos del mundo el 22 de Diciembre de 1972: “La victoria mundial del nuevo sistema social se fragua en la asistencia mutua fraternal y en la cooperación y la camaradería de los estados socialistas. El prototipo de la asociación internacional futura de todos los pueblos del plane­ta se está moldeando hoy.” (Revista Marxista Mundial, Febrero de 1973).

Al traducírsele, esta declaración quiere decir simplemente que los estados actualmente sojuzga­dos por los comunistas están cooperando para asegurar el que los partidos comunistas salgan victoriosos en todas las naciones. La Doctrina Brezhnev controlará entonces todos los países del mundo. Cada nación será gobernada por su propio Partido Comunista, según los deseos del Partido Comunista de la Unión Soviética. Si cualquier país se desvía de la senda ortodoxa, la intervención militar será rápida y eficaz.


EL IMPERIALISMO ECONOMICO SOVIETICO
Al tiempo que la Unión Soviética lanza acu­saciones de “imperialismo” contra los Estados Unidos, la China Comunista hace acusaciones semejantes contra la Unión Soviética. La REVISTA DE PEKIN de Marzo 29 de 1975 publicó estas acusaciones específicas:

Según estadísticas incompletas, entre 1954 y 1972 las exportaciones totales de capital de la Unión Soviética al tercer mundo sobrepasaron los 13,000 millones de dólares, lo que le permitió infiltrarse en cerca de 1,000 empresas industriales y otros intentos. Por medio de las exportaciones de capital, ha obtenido el control de sectores industriales primordiales en cierto número de países en desarrollo de Asia, África y la América Latina, y ha volcado en naciones del tercer mundo las mercancías no vendibles. De 1955 a 1973 vendió al tercer mundo produc­tos industriales por valor de más de 16,000 millones de dólares, a precios elevados que le produjeron utilidades extraordinarias ascen­dentes a miles de millones de dólares. Median­te las exportaciones de capital, ha saqueado materias primas del tercer mundo por valor de más de 19,000 millones de dólares..."

El intercambio de valores desiguales es otro instrumento importante de que se valen los social‑imperialistas soviéticos para explotar a las naciones y a los pueblos del tercer mundo. Obtienen utilidades fabulosas utilizando pre­cios internacionales de mercado que se basan en condiciones desiguales; explotan a los pueblos del tercer mundo empleando métodos tales como la provisión de “ayuda” y “coopera­ción”, apremiándolos para que paguen sus deudas, vendiéndoles productos industriales a precios altos de monopolio y comprándoles productos alimenticios y materias primas agrí­colas y minerales a bajos precios. Según la información incompleta, en los 17 años comen­zados en 1955, la explotación soviética del tercer mundo por medio de condiciones desi­guales de comercio ascendió a 11,300 millones de dólares, causando perjuicios graves a los países en vías de desarrollo de Asia, África y la América Latina.

Intoxicados por la avidez de utilidades, los revisionistas soviéticos son especuladores in­ternacionales desvergonzados. Han llegado a ser aún más desenfrenados en este respecto durante los últimos años, obteniendo grandes utilidades al vender mercancías adquiridas de otros países. Aprovechándose de la escasez de petróleo en Occidente no hace mucho, compraron petróleo a los países árabes a bajos precios y lo revendieron a precios elevados..."

El 'Consejo para la Ayuda Económica Mutua', controlado por el Kremlin, es un instrumento revisionista para adelantar el neo‑colonialismo. Haciendo uso de su posición monopolizadora económica en esta pretensa 'comunidad', los revisionistas soviéticos exportan sumas enor­mes de capital a los miembros de dicho Consejo por medio de préstamos e inversiones directas de 'ayuda'. Las exportaciones de capi­tal de la Unión Soviética a los miembros de dicho Consejo en forma de 'ayuda' económica desde 1954 hasta principios de 1974 excedieron de 10,000 millones de dólares. Se jactaron de su participación en la construcción de más de 1,300 empresas de consideración y otros pro­yectos..."

En el comercio exterior, la Unión Soviética explota despiadadamente a estas naciones. La manipulación de los precios, el control de las exportaciones e importaciones y las ventas a precios altos as( como las compras a precios bajos por medio de los llamados 'acuerdos comerciales a largo plazo' se hallan entre los métodos empleados para ese propósito. Se estima que las pérdidas sufridas por los países antes mencionados como resultado de las condiciones desiguales de comercio entre 1955 y 1973 ascendieron a 19,000 millones de dóla­res. Entre ellos, la República Democrática Alemana (Alemania Oriental) la nación con mayor índice de comercio con la Unión Soviéti­ca, experimentó las mores explotaciones, alcanzando sus pérdidas la suma de 6,400 millones de dólares".

La Unión Soviética extrajo materias primas por valor de más de 9,000 millones de dólares de Bulgaria, Hungría y Polonia entre 1955 y 1973. Además de controlar casi toda la explotación de uranio en Checoslovaquia, Hungría, Alemania Oriental y Bulgaria, robó cruelmente a estas naciones sus metales raros e importantes materias primas estratégicas. Más del 90% de la producción de uranio de Checoslovaquia, el 94% de las exportaciones de baritina de Bulga­ria y el 49% de su plomo, así como el 43% de las exportaciones de zinc de Polonia, se diri­gieron a la Unión Soviética".

Los revisionistas soviéticos han tenido todo el tiempo sus ojos ambiciosos puestos sobre la Europa Occidental, haciendo todo lo posible para infiltrarse en ella y controlarla. En un intento de derrotarlos uno a uno, recurren a zalamerías para sembrar discordia entre la Europa Occidental y los Estados Unidos, así como entre los países del Mercado Común. Bajo el letrero de 'cooperación económica pan‑europea' amplían su comercio con la Euro­pa Occidental para efectuar la expansión allí. Capitalizando la sed de petróleo y otras mate­rias primas de las naciones europeas occiden­tales, los revisionistas soviéticos, en los anos recientes, les revendieron petróleo a precios elevados de modo de obtener utilidades por la fuerza. Por ejemplo, el precio del petróleo que los revisionistas soviéticos vendieron a la Re­pública Federal Alemana (Alemania Occidental) y Finlandia, que han sido siempre clientes para el petróleo soviético, ha sido aumentado mu­chas veces durante los últimos años..."

El pillaje y la explotación económicos llevados acabo por los revisionistas soviéticos en todas partes han hecho pedazos la hoja de parra que tapaba el tan cacareado 'beneficio mutuo' en el comercio y la 'cooperación”'.

EL ATEISMO
El comunismo es ateísta. Ningún dirigente comunista ha procurado nunca el disfrazar esto. Por el contrario, se han enorgullecido de ello.

Karl Marx declaró que “la religión es el opio de las masas.” En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels se burlan de los esfuerzos de los cristianos para la reforma humanitaria con esta condenación: “El Socialismo Cristiano es únicamente el agua bendita con la que el sacerdote consagra el rencor del aristócrata.” (Edición Progress Publishers, pá­gina 80). Lenin dijo: “El ateísmo es una porción natural e inseparable del marxismo, de la teoría y la práctica del socialismo científico.”

A veces, por razones tácticas, los comunistas le restan importancia a su ateísmo. Nikita Khrusch­chev, al preguntarle una delegación visitante de socialistas franceses: “¿Hay que ser ateo para ser comunista?” contestó: “Si, hay que ser ateo, pero algunos de los camaradas son ateos en el partido y creyentes en sus casas.” Los comunistas chinos no son tan flexibles.


George Fitch, que pasó 80 años en China y prestó servicios durante muchos años como secre­tario de la Asociación de Jóvenes Cristianos (YMCA), visitó el cuartel general comunista en Yenan en 1940. El informa sobre la respuesta que recibió, tanto de Mao Tse‑tung como de Chou En‑lal, cuando preguntó si un cristiano podía ingresar en el Partido Comunista: “Cuando les pregunté si auspiciábamos la apertura de un local de la Asociación en Yenan y enviábamos una secretaria adiestrada para este trabajo, ¿podría tal persona (que serla cristiana) llegar a ser miembro del Partido Comunista, si le pareciera deseable hacerlo?” Tanto Mao como Chou respondieron que la persona tendría que declararse atea para que se le admitiera como miembro.” (Mis Ochenta Años en China, página 172).


Como la mayoría de las ideas, el ateísmo tiene consecuencias. La negación de la existencia de Dios elimina todos los valores y principios morales que provienen de Dios. Suprime las normas absolutas del bien y del mal; de lo bueno y lo malo. Degrada los códigos de moral que alegan el origen divino. Así, los Diez Mandamientos se reducen a un conjunto de normas destinadas a armonizar las relaciones dentro de una tribu nómada. La humani­dad queda abandonada y sola en un ambiente cruel y confuso. sin brújula, y en el que el más fuerte deriva el derecho del poderío.


El ateísmo desvaloriza la vida humana. La reduce a un absurdo accidental breve sin sentido ni propósito. Suprime la continuidad y lo venidero, sin lo cual la vida tiene poco valor.


La relación entre la continuidad y el valor de la vida ha sido reconocida por los hombres considera­dos a través del tiempo de que se tiene memoria. San Pablo declara: “Si sólo mirando a esta vida tenemos la esperanza puesta en Cristo, somos los más miserables de todos los hombres.” (Primera Epístola a los Corintios, Capítulo 15, Versículo 19). Y traza las consecuencias éticas con este consejo: “Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos.(Igual texto citado, Capí­tulo 15, Versículo 32).


El poeta Tennyson lo expresa: “El don de mi vida me dice ésto, que la vida durará eternamente. De lo contrario, la tierra es obscuridad en su centro, y todo lo que existe no es sino polvo y ceniza.”


Stephen Kelman, en su libro “El Impulso se Convierte en Empujón”, describiendo los años locos de revolución en Harvard, relata cómo los estudian­tes se sentaban toda la noche a discutir la certidum­bre triste de que la arbitrariedad de la muerte hacía fútil y vacía toda la actividad humana.


El ateísmo elimina la racionalidad y el propósi­to de la existencia humana. La meta de la existencia se vuelve como la descrita por Shakespeare como la séptima edad del hombre: “Sin dientes, sin ojos, sin el sentido del gusto, sin todo.” Una visita a un hogar de descanso para ancianos y enfermos mostrará el futuro que ofrecen los ateos.


El ateísmo es ineludiblemente pesimista. Esto continúa siendo verdad a pesar de las promesas brillantes que el comunismo hace para el futuro. Estas promesas se aplican a alguna abstracción colectiva, tal como la sociedad o la humanidad, mientras que al individuo no le queda sino un futuro de artritis, arteriosclerosis, ancianidad y muerte.


Como optimista incurable, que cree que la vida es continua y que a los que esperan en Cristo les espera un futuro glorioso, encuentro aborrecible y repugnante el ateísmo del comunismo.


Me doy cuenta de que hay quienes consideran insignificante y falto de importancia el ateísmo del comunismo. Algunos anti‑comunistas aceptan y aseveran el ateísmo. Esto es comprensible, puesto que hay razón amplia para que los ateos que valoran la libertad personal se opongan al comunismo por razón de las demás características objetables men­cionadas antes.


Para mí, no obstante, el ateísmo del comunis­mo es fundamental a mi oposición. Mi conflicto con el comunismo empezó porque percibí una incom­patibilidad inherente entre la fe cristiana y el ateísmo militante. La cristiandad afirma que Dios existe; que Dios crea, ama y redime. El comunismo asevera que no hay Dios. Si la enseñanza de la cristiandad es correcta, la del comunismo es erró­nea. No puede haber transigencia sobre ésto.


El cristianismo y el comunismo son incompati­bles como doctrinas. El hecho de que los regímenes comunistas puedan algunas veces permitir activida­des cristianas limitadas, no afecta esta incompatibi­lidad doctrinal.

EL MATERIALISMO
El materialismo es afín con el ateísmo, pero no idéntico a él. El materialismo del comunismo fué declarado sucintamente por Mao Tse‑tung en su libro titulado “Sobre la contradicción”: “No hay nada en el mundo excepto la materia en movimien­to” (Edición de Foreign Languages Press, Pekín, página 16).

Si esto es verdad, el hombre es totalmente material y puede describírsele por completo median­te los procesos naturales que investigan la química y la física. El hombre estaría privado de cualquier sustancia espiritual, de cualquier continuidad de la vida. La idea de un futuro no material se convierte en absurdo. Toda razón para la propia limitación se suprime. En las palabras del anuncio de una cerveza: “Sólo se vive una vez, de modo que mejor obtenga todo el gusto que pueda.”


El convencimiento de que el hombre es una máquina física, susceptible de que se le describa por completo a través de las leyes de la química y la física, abre la puerta a los programas de ingeniería humana. La comprensión de las leyes físicas que funcionan dentro del cuerpo humano y sobre él, permitirán que se produzcan los cambios deseados. De este modo, el ingeniero humano informado y hábil puede crear un tipo de ser humano deseado.

El programa del comunismo es un vasto trámite de ingeniería destinado a crear máquinas humanas mejoradas. Se alega que estas máquinas trabajarán constantemente de modo productivo, experimentan­do un sentimiento de felicidad al hacerlo. Estas máquinas cooperarán universalmente y se elimina­rán todos los elementos de conflicto. En esa forma prevalecerá una civilización de máquinas armonio­sas.

Naturalmente, la ley del desuso funcionará con respecto a las máquinas individuales. Cada una de ellas se desgastará en un espacio de tiempo relativamente corto y la sustituirá otra máquina semejante o aún mejor, creada por medio de los trámites reproductivos y de ingeniería.


No se concibe ningún proyecto de ingeniería sin un ingeniero. La firma de ingenieros para este proyecto es el Partido Comunista. Mediante algún proceso aún no explicado e incomprensible, el Partido Comunista se convierte en el instrumento de las fuerzas materiales que determinan el futuro de la humanidad. Esto les da el privilegio y la responsabi­lidad de llevar a la práctica los programas que perfeccionarán las máquinas restantes.

Resulta extraordinariamente difícil describir es­te trámite en términos meramente materiales. Las ideas abstractas, como el propósito, la convenien­cia y la responsabilidad se inmiscuyen de continuo en la discusión.

Puede argumentarse persuasivamente que la visión comunista del papel económico e histórico del Partido Comunista es, en s( mismo, un repudio de la doctrina del materialismo. La filosofía comu­nista es una tentativa elaborada para escaparse de los cuernos de este dilema. Para reclutar a los inteligentes, las racionalizaciones deben ser com­plicadas. Esto fué logrado por Karl Marx cuando combinó ciertas características de la Dialéctica Hegeliana con el materialismo, a fin de crear la filosofía que se conoce por “Materialismo Dialécti­co” Con ellos agregó un elemento de misticismo al materialismo. Puesto que la dialéctica predicaba el progreso y el propósito, esto permitió a los comu­nistas inteligentes dedicar sus energías y sus vidas a la creación del futuro deseado sin un sentimiento debilitante de irracionalidad y futilidad.

La historia del comunismo es un repudio claro de la doctrina comunista del materialismo. Es una prueba viviente de que existen otras cosas además de la materia en movimiento. ¿Dónde se hallaría el movimiento comunista sin sus ideas de unificación, sus cálculos fríos y su heroísmo que lleva a la propia inmolación?


INFANTICIDIO ESPIRITUAL
Los niños ocupan un lugar único en la cristian­dad. Jesús tomó a un niño pequeño y dijo: “Dejad que los niños se acerquen a ml y no se los prohibáis, porque de ellos es el Reino de los Cielos.” (Evangelio de San Marcos, Capítulo 10, Versículo 14).


El comunismo prohíbe que los niños se acer­quen a Jesús. Lo hace sustrayéndoles el derecho de oír las buenas nuevas, el Evangelio. La constitución de la Unión Soviética permite “la libertad de cultos religiosos y la libertad de propaganda anti‑religio­sa.” Esto se interpreta como que permite a los creyentes de mayor edad el dar culto, pero no el evangelizar. A los niños se les enseña ateismo en las escuelas. Tal instrucción empieza en la pre‑pri­maria y continúa durante todos los cursos escola­res. Me consternó el saber que se dedica más tiempo en los cursos de medicina de la Unión Soviética al estudio del Materialismo Histórico y Dialéctico que al de la Química Orgánica.

En la China Comunista se enseña a leer a los niños por medio del estudio del “Pensamiento de Mao Tse‑tung.” Se les adoctrina mediante la lectura del “Librito Rojo.” Hay algo horripilante en que las vocecitas repitan a coro máximas tales como: “El poder político se deriva del cañón de una arma de fuego.”

En la Unión Soviética se permite que funcionen abiertamente unas pocas iglesias. La más famosa de ellas es la Iglesia Bautista de Moscú. Dichas iglesias, sin embargo, sólo atienden al culto de los creyentes. No se les permiten servicios evangélicos ni actividades juveniles. No hay escuelas dominica­les. El convertir a un niño a Cristo es una actividad delictuosa punible con encarcelamiento. Reciente­mente se encarceló a un sacerdote de Lituania porque enseñaba el catecismo a los niños y los bautizaba.

Las presiones sociales auxilian a las leyes para asegurar que se críe a los niños como pequeños ateos. A cualquier niño que profese una fe religiosa se le impide adelantar escolásticamente y sus iguales se burlan de él. La aprobación de los iguales es una fuerza poderosa en la vida de los jóvenes.

Afortunadamente, hay padres creyentes y vale­rosos que insisten en transmitir a sus hijos el mensaje de Cristo a pesar de las consecuencias. La mayoría de éstos son miembros de la iglesia no inscripta o “subterránea.” La mano fuerte del estado autoritario ateo cae pesadamente sobre quienes eligen obedecer a Dios y guiar a sus hijos hacia Jesús. Muchos de ellos están actualmente encarce­lados o recluidos en instituciones psiquiátricas.

En la China Comunista subsiste un mero vestigio residual de cristianismo organizado. La Gran Revolución Cultural destruyó la mayor parte de las comunidades cristianas practicantes. Se permi­ten pequeñas reuniones eclesiásticas para los ex­tranjeros que están en China por razones diplomáti­cas o semejantes.

La Albania comunista alega haber logrado el objetivo ‑ el Estado totalmente ateo. Sostiene que todos los vestigios de la religión se han suprimido por completo.

Para cualquier cristiano que tome en serio los mandamientos de Cristo, la situación actual de los niños en todo el mundo es causa de consternación. Hay por lo menos cinco niños en las escuelas comunistas a quienes se les enseña ateísmo siste­máticamente, por cada niño en alguna escuela, protestante o católica, gubernamental o parroquial, diaria o dominical, que esté aprendiendo algo del mensaje de Cristo.

Jesús empleó palabras enérgicas en lo tocante a quienes descarriaran a los niños. Dijo: “Al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en Mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino y que lo arrojaran al fondo del mar.” (Evangelio de San Mateo, Capítulo 18, Versí­culo 6).

¿Cuán importantes son para nosotros las ense­ñanzas de Cristo? ¿Cuánto debería preocuparnos la vida y el destino de los niños? Hablando en una reunión anti‑comunista en el Madison Square Garden de New York en 1962, Pat Boone dijo: “Tengo cuatro hijas encantadoras. Mejor querría verlas hechas volar al cielo por una bomba atómica que llevadas al infierno por la enseñanza de los comunistas."

Estas son, ciertamente, palabras enérgicas. ¿Cuántos padres pueden decirlas con sinceridad? Sin embargo, nuestra reacción a esta declaración es una medida de la sinceridad de nuestra fe cristiana.

Es importante diferenciar entre el comunismo y los comunistas. El comunismo es falso, monstruo­so y maligno. Es el padre de la guerra, la dictadura, el monopolio, la esclavitud, el exterminio de las clases, el imperialismo y el infanticidio espiritual. No hay otra actitud concebible para el cristiano genuino hacia el comunismo que la oposición sin tregua.

Los comunistas son las víctimas principales del comunismo. Debemos amarlos. Es aceptable el asociarse con ellos bajo determinadas circunstan­cias y aún el dialogar con ellos. A muchos de ellos puede llevárseles a ver los errores de sus doctrinas y de las prácticas resultantes.

Es trágico que el amor hacia los comunistas conduzca a la tolerancia hacia el comunismo. Este peligro se halla presente en ciertas secciones de la Iglesia Cristiana hoy. Hasta en algunas iglesias evangélicas no está de moda el manifestarse en contra del comunismo.

LA IDOLATRIA
El hombre es un ser que rinde culto. Nace en un ambiente que estimula la curiosidad y el temor reverente. Este mundo es, verdaderamente, un lugar maravilloso. Los filósofos raciocinan que todo acertó a suceder, pero la mayoría de las personas parece tener un sentido innato de que la Inteligencia Creadora está en el centro de la existencia; que existe un Dios a quien debe rendirse culto.

Los comunistas son seres humanos. Sus doc­trinas cierran la puerta al culto de adoración del Dios inteligente y creador, de modo que crean ídolos con los que sustituyen a Dios. Tres de ellos son: 1) El dirigente; 2) el Partido; y 3) La Historia.


EL DIRIGENTE:
La doctrina comunista, particularmente el Ma­terialismo Histórico, resta importancia al dirigente; la práctica comunista lo exalta. El panteón comunis­ta comprende a los mortales endiosados: Marx, Engels, Lenin, Trotslcy, Stalin y Mao Tse‑tung.

Se emplean todas las técnicas características del culto religioso para fomentarla adoración de los (dolos comunistas. La sosegada revista comunista, LOS VECINOS DEL NORTE (NORTHERN NEIGH­BORS), informa en su edición dp Abril de 1975 que: “El mausoleo de Lenin en la Plaza Roja de Moscú ha sido visitado por más de cien millones de personas, mucho más que cual­quier santuario religioso; aunque se abrió formalmente sólo en 1924. El año pasado se reconstruyó totalmente el bello edificio y ahora resulta más impresionante que nunca.

Hoy, 105 años después de su nacimiento, más personas leen a Lenin que a cualquier otro autor vivo o muerto. Según la Organización de las Naciones Unidas, las ventas de las obras de Lenin han sobrepasado a las de la Biblia, que anteriormente no tenla competidor cercano.” (Página 10).

Durante sus vidas, incontables sacerdotes co­munistas entonaron palabras de alabanza equivalen­te a la adoración sobre Stalin y Mao Tse‑tung, mientras que cientos de millones se inclinaban ante ellos. Los sacrificios humanos en honor de ellos eran rutinarios.

Aún la adoración rendida a Hitler en Alemania no podría igualar la concedida a Stalin en la Unión Soviética. Solzhenitsyn nos cuenta este relato tí­pico: “Stalin apareció ante una reunión de los fieles. A la terminación de su declaración oracular, la audiencia se puso en pie y aplaudid ruidosa­mente. Nadie se atrevió a ser el primero en dejar de aplaudir, porque todos sabían que la NKVD vigilaba, de modo que el aplauso continuó indefinidamente. Por último, el alcalde se desmayó de agotamiento y se sentó. Poco después lo arrestaron.”


El Partido Comunista:
Los comunistas idolatran también al Partido Comunista. Se le otorgan los atributos de la deidad. Lenin describía al partido como “la mente, la moral y la conciencia de nuestra época.” La advertencia de San Pablo: “Que el espíritu que esté en vosotros sea el mismo que está igualmente en Cristo Jesús”, se convierte en: “Que el espíritu que esté en vosotros sea el del Partido Comunista.” El comu­nista debe creer lo que crea el partido, pensar lo que piensa el partido y juzgar como juzgue el partido. El veredicto del partido es también la determinación del bien y del mal. Si el partido decide que debe torturarse y exterminarse a un grupo de personas, esa es una acción justa y moral. Cuando Mao Tse‑tung y los triunfadores de la lucha por la dirigencia del Partido Comunista Chino decidieron que el antiguo dirigente, Liu Shao‑chi, habla sido un capitalista infiltrado en el Partido Comunista duran­te 30 años y que era “un montón de basura podrida,” millones de comunistas en China y en todo el resto del mundo aplaudieron. Cuando la clase dirigente del Partido Comunista Chino decidió que Lin Piao, en otro tiempo el más cercano compañero de armas de Mao y su sucesor designado, era un capitalista decadente y discípulo anti‑comunista de Confucio, millones de personas modificaron sus opiniones sin dificultad. La razón está en el andamio.

Fué la adoración del ídolo, el Partido Comunis­ta, lo que permitió a Stalin cometer sus crímenes monstruosos. El Partido Comunista había elevado a Stalin a su posición dirigente. Sus veredictos se hallaban revestidos de la autoridad y el prestigio del Partido Comunista. Los comunistas sinceros, que creían en la infalibilidad del partido y que le eran absolutamente fieles, se vieron abrumados por un conflicto mental y una confusión moral intolerables cuando el partido los calificó de traidores. Como resultado, sus voluntades se paralizaron y no ofrecieron resistencia a sus torturadores y ejecuto­res.


La Historia:
El comunismo personifica y endiosa a la Historia. Trata a la historia como a un creador con un propósito. Los comunistas se llenan de orgullo jubiloso al pensar que están dirigiendo la corriente de la Historia. La “voluntad de la historia” lo justifica y glorifica todo.

Esta actitud se basa en una asunción falta de pruebas, un articulo de fe pseudo‑religioso. Se asume que los propósitos de la historia son benig­nos y que producen el bienestar y la felicidad universales.
Esta presunción es contraria a las enseñanzas de Cristo y al peso abrumador de la evidencia científica. El “Club de Roma” ha empleado métodos científicos para vaticinar un futuro sombrío para la humanidad. Por todos lados escuchamos sobre el hambre y el desastre ambiental próximos. Libros tales como “La Sacudida Futura” se venden por millones. El principal científico 4nédico australiano, Sir Macfarlane Burnet, informa que conoce sola­mente a un científico notable que se sienta optimis­ta acerca del futuro de la humanidad.

Jesús enseñó: “Oiréis hablar de guerras y rumores de guerras; pero no os turbéis, porque es preciso que esto suceda, mas no es aún el fin. Se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrán hambres, terremotos y plagas en diversos lugares. Todo esto es el comienzo de los dolores.” (Evangelio de San Mateo, Capítulo 24, Versículos 6 a 8).

En medio de todo esto, los comunistas siguen felizmente, justificando toda brutalidad actual con el alegato de que están sirviendo a la causa de la historia. A los que se alega que actúan contra la corriente histórica se les condena sin juicio. Como me escribió un comunista joven: “Se mostrará que los comunistas están al lado de la historia. Los reaccionarios (como lo son Uds.) con el tiempo se mostrará que son reliquias del pasado y obstáculos para el progreso. El mundo está cambiando, comienza a existir un nuevo sistema social, producto de la necesidad histórica. Va a ocurrir, indepen­dientemente de vuestra voluntad o la de cual­quier otro. Uds. desdeñan el mundo de los grandes eruditos, Marx, Engels y Lenin. Quizás si Uds. se tomaran tiempo para leerlos con seriedad, comenzarían a comprender lo que es la necesidad histórica, por qué vino el cristia­nismo a existir y de qué modo no es más que una creación de las circunstancias de la época y que, junto con el sistema capitalista, está desapareciendo. El trabajo de Uds. es reaccio­nario, infructuoso. Es aún más que eso: Está envenenando las mentes de los jóvenes con quienes Uds. entran en contacto; envenenando sus mentes con ideologías pasadas de moda, mitos y esperanzas falsas. Sería mejor animar a los jóvenes a estar al lado de la historia y del progreso, en vez de volverse 'mohosos' con las ideas reaccionarias. Esa es la razón por la que no puedo contribuir a fomentar vuestro 'traba­jo.' Vuestro 'trabajo' está obstruyendo el ade­lanto del desarrollo de la historia. Pero no lo detendrá. Estoy escribiendo esto para hacerle saber que hay muchas personas que no están de acuerdo con el 'trabajo' que Uds. desarro­llan, y esperan que algún día llegará a su fin.



No puedo darles mi nombre y dirección, porque vivimos en un sociedad en la que las personas no son libres de creer lo que deseen y expresar sus puntos de vista abiertamente sin temor a las represalias.”

Le contesté lo siguiente: “Le agradezco sus comentarios animadores referentes a la eficacia de mi trabajo. Puede que Ud. tenga razón al alegar que los comunistas están al lado de la historia. Cristo enseñó que este mundo llegaría a un fin malo, y eso puede lograrse mediante el triunfo del comunismo. De ser éste el caso, es bueno tener su seguridad de que el trabajo de la Cruzada está obstaculizan­do esta consumación espantosa. No hay razón para que las personas Inteligentes y compasi­vas deban trabajar para ayudar a las corrientes históricas. La historia funciona para la muerte de todos los individuos. Puedo imaginarme al diablo tentando a un médico: 'Tu trabajo está tratando de desvirtuar la marea de la historia. Es inútil. La muerte triunfará al final.' La mayoría de los médicos permanecerían conven­cidos de que su trabajo, encaminado a estorbar y demorar la victoria de la muerte, vaya la pena. "Cualquier cosa que ocurra en la historia de este mundo, Cristo le ofrece una vida continua y gozosa si Ud. confía en El.” Mi esperanza descansa en el Cristo que con­quistó la muerte y que ha prometido: “Vendré otra vez.”




Creo que el relato anterior de las doctrinas y el expediente del comunismo hacen obligatorio que cada persona que sienta compasión hacia el sufri­miento, se halle en contra del comunismo.














Fuente Consultada:
Extraído de: http://bereshit.iespana.es/comunismo.htm

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